Hoy, que se celebra en Colombia el Día del Periodista, más que nunca la profesión se ve amenazada. Todos los días se conocen casos de homicidios, heridos, amenazados y exiliados por culpa de la violencia política.

Sin embargo nadie habla de la mordaza que ponen las organizaciones a los periodistas, y peor aún, de los periodistas que se dejan amordazar para continuar recibiendo las prebendas de las multinacionales o de los organismos del Estado.

Supe que en La Alpujarra, casa de gobierno de Medellín, hay una corte de periodistas, malabaristas de la moral que se la pasan bajando y subiendo por los ascensores del edificio gubernamental, haciendo un periodismo servil, reproduciendo comunicados de prensa sin contrastar la información, sin alimentar el mínimo escepticismo.

Esos lacayos se escudan detrás de un carné de periodistas para consolidar el statu quo, porque es más cómodo resultar cómodo que incómodo a ciertos intereses. No temamos ser incómodos.

El periodismo me ha dejado amigos, pero no es un oficio para irse de parranda, sino para recabar la verdad.