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    Tallar con luz, nuevo blog de un tipo que no es fotógrafo

    Víctor Solano | Metablog | Lunes, Julio 31st, 2006

    Este fin de semana comencé un nuevo proyecto, una nueva entretención. Se trata de Tallar con Luz, un photoblog sin mayores pretensiones que las de poder publicar algunas de las foticos que he podido hacer en la vida, aunque solo dispongo de las más recientes cuando adquirí una camarita digital casera. Desde muy joven soy aficionado a la fotografía, pero no paso de un nivel amateur. NO SOY FOTÓGRAFO. Algunas he tenido la suerte (y el descaro) de que me sean publicadas en medios como Cambio, El Tiempo y Nota Uniandina.Durante el fin de semana hice las primeras pruebas y lo compartí con algunos amigos muy cercanos. No voy a tener herramientas como Flickr ni nada por el estilo; la idea es ir publicando una foto diaria. Espero que les guste y si no, pues que también me cuenten.

    ¿Por dónde llegamos los colombianos?

    Víctor Solano | Ciencia | Sábado, Julio 29th, 2006
    El portal Universia Colombia reproduce en sus páginas un artículo que escribí para la revista de la Universidad de los Andes, que trata sobre una investigación que arroja pistas muy interesantes para descubrir cómo es que llegaron los primeros probladores al territorio que hoy ocupa Colombia.
    Una de las cosas que más me sorprendieron es que siempre hemos tenido la presunción de que en el origen de la raza ‘paisa’ ha estado muy presente el germen judío por lo que cuenta la historia de la colonización antioqueña, pero la investigación demostró que los llamados ‘judíos marranos’ que llegaron desde la época de la conquista española, se asentaron con mayor fuerza en Santander.La investigación fue realizada por la bióloga María Mercedes Torres como parte de su trabajo doctoral. El escrito me quedó regularcito, pero el gran mérito lo tiene María Mercedes por una investigación fenomenal. Para leerlo completo haga clic aquí.
    Helena Groot, María Mercedes Torres y el suscrito durante la entrega del Premio al Mérito Científico 2005, que fue entregado al Laboratorio de Genética Humana de la Universidad de los Andes en la categoría ‘Grupo de Excelencia’, en el que trabajaba María Mercedes. En esa oportunidad tuve el privilegio de ser uno de los jurados.

    ‘Viaje a la guerra’, un blog hecho con mucho estómago

    Víctor Solano | Web 2.0, Periodismo | Viernes, Julio 28th, 2006

    El blog Viaje a la Guerra, del periodista Hernán Zin, es un blog recomendadísimo, con historias como las que algún día me gustaría escribir, aunque sé que el material con el que estoy hecho me haría el trabajo muy difícil porque me involucraría con las historias hasta niveles donde los medios no lo ven con buenos ojos.Es probable que si llegara a ver a un niño herido en Afganistán no podría, simplemente tomarle la foto y seguir mi camino; trataría de llevármelo y mis viáticos se me irían en la comida de los que fuera conociendo. No me da pena reconocerlo, pero tal vez me la pasaría llorando luego de quedar con una imagen de esas incrustadas en el cerebro. Por esa razón, admiro a los que pueden hacer, bien hecho, este tipo de periodismo.

    No obstante, nos cuenta Zin que quizás el trabajo más duro, “pero más gratificante por sus resultados”, fue el que realizó en 2002 al seguir y denunciar a pederastas en Camboya. Como consecuencia del documental y del libro Helado y patatas fritas (Plaza & Janés), “se puso en marcha una vasta campaña que permitió que varios turistas sexuales entraran en prisión”. Eso está muy bien. He enlazado este blog y ya aparece en mi sección Blogs de periodistas.

    ¡Extra! La compra del año

    Víctor Solano | Denuncias | Jueves, Julio 27th, 2006
    Aún no les puedo adelantar nombres, pero una de las empresas colombianas más importantes decidió esta semana hacer la compra más grande del año, si no es que es una de las más grandes de la historia del país. Al final de esta semana o la otra saldrá la noticia en los medios masivos. La fuente me ha pedido mantener la información embargada y obviamente voy a cumplir por ser confiada en calidad off the record.

    SoHo y la libertad de expresión

    Víctor Solano | Periodismo | Miércoles, Julio 26th, 2006
    Hoy la revista SoHo atenderá una audiencia pública en la que se defenderá por la publicación de un artículo del escritor Fernando Vallejo y la producción de una fotografía en la que se parodiaba la escena de La última cena con la modelo Alejandra Azcárate haciendo las veces de Jesús y con varios personajes de la vida pública en el papel de los apóstoles. El artículo causó una polémica, en mi opinión, desproporcionada y un grupo de católicos interpuso una demanda. Daniel Samper Ospina, director de la revista, presentará los argumentos, pero sobre todo defenderá la libertad de prensa.

    Independiente de la calidad del texto y de la producción de este artículo, un ataque frontal a la libertad de los medios es cuestionable desde todo punto de vista. ¿Se deben defender todos los artículos publicados en un medio? No, no lo creo, pero cuando los argumentos no se se basan en la veracidad sino en una discusión moralista, pierden peso. No defienso tampoco a un amigo, defiendo la libertad de expresión. Vean aquí la respuesta que dio Samper en su momento y que publicó en la revista.El fallo, si se da hoy, será trascendental en la historia de los medios de comunicación y sus posibilidades de expresión artística, y lo será para las iglesias que intentan recortar ese tipo de alcances que tienen los medios.

    Por razones de trabajo no podré acompañar a Samper y a los demás periodistas en los juzgados de Paloquemao, pero los acompaño desde mi teclado.

    Daniel Samper Ospina y quien escribe en un viaje de periodistas a Argentina.

    Virginia Vallejo: ‘La viuda de la mafia’

    Víctor Solano | Medios Colombia | Miércoles, Julio 26th, 2006

    El título no es mío, me habría encantado. Fue de un par de estudiantes (Diana Carolina Lozano y Natalia Torres Hernández) con los que comencé hoy un curso de Narrativas en Nuevos Medios en la Universidad Externado. A todos les encargué hoy, en el primer día de clases, que hicieran el ejercicio de contar el episodio de Virginia Vallejo y por qué es que está sonando hoy en día. La prueba tenía como componente adicional que tenían que escribir sus artículos como si fueran periodistas de una agencia internacional que envía artículos a los medios en el extranjero, lo que requiere una mínima contextualización. No los he leído, después les contaré.Vamos al grano. Anoche, RCN transmitió el video Virginia Acusa en el que la ex presentadora de televisión, figura capital de la televisión de los años setenta y ochenta en Colombia, reveló en un casi perfecto orden cronológico, muchos de los episodios de su relación con el extinto jefe del ‘Cartel de Medellín’, Pablo Escobar Gaviria, así como de la relación de éste con el ex ministro y ex senador liberal Alberto Santofimio Botero. Según su testimonio, Santofimio fue el autor intelectual del asesinato en 1989 de Luis Carlos Galán, muy posiblemente el candidado que resultaría elegido Presidente en las elecciones de 1990. “Este hombre que está aquí es un asesino, lo único que no hizo fue oprimir el gatillo”, dijo Vallejo al señalar una imagen de Santofimio en la primera página de El Tiempo.

    No sé si a ustedes les quedó la misma sensación de que el testimonio de Virginia Vallejo tuvo una contundencia aplastante. Películas como Colombia Connection (1978) nos dan evidencias de que buena actriz no lo fue y no creo que en 20 años de silencio haya perfeccionado las técnicas de la dramaturgia, a pesar de un tránsito dramático por la vida. En el video que grabó con la ayuda del periodista Gonzalo Guillén, corresponsal en Colombia de The New Herald, la mujer de piernas icónicas en los años ochenta fue destapando una a una todas o casi todas sus cartas, sin pudor para mencionar nombres y apellidos que han estado en la palestra pública en posiciones prestantes de la política. Quedó claro, según su versión, que ex presidentes como Alfonso López Michelsen, Ernesto Samper y César Gaviria habrían estado involucrados con Escobar, más de lo que han podido admitir en el pasado ante esta incómoda pregunta.

    Vallejo bien podría estar mintiendo, bien podría estar intentando volver a recuperar imagen para escribir un libro que podría sacarla de los problemas financieros en los que dice estar. No lo sabemos aún, pero si hay que desconfiar como fuente porque está contaminada por cualquiera de sus posibles intereses. Se le puede tachar de inmoral, de presentar argumentos anacrónicos y de haber callado por dos décadas lo que habría podido servir de pruebas en otros juicios. Aún así, insisto, el testimonio tiene elocuencia, da una idea de la cultura de una mujer que sirvió de puente entre el Cartel y lo más alto de los niveles político, social y económico en la Colombia de hace más de 20 años. Colombia va a estar en agitación a la espera de las declaraciones de todos los implicados. Este blog no emitirá un juicio sobre Santofimio porque no es el papel de los periodistas hacerlos; el fallo le corresponde a la justicia encargada.

    Preguntas al aire: ¿Qué implicaciones tendrán las declaraciones de Virginia Vallejo? ¿Le cree a la ex diva? ¿Siente que RCN transmitió fielmente el video y no fue editado para eliminar partes incómodas para este gobierno o para la organización Ardila Lülle? ¿Qué dirán Semana y El Tiempo en sus editoriales luego de haber sido señalados, así sea tácitamente, como complacientes en toda esta historia con el ex senador Santofimio?

    Virginia Vallejo: El nuevo fetiche de los medios

    Víctor Solano | Medios Colombia, Clásicos | Martes, Julio 25th, 2006


    Virginia Vallejo ‘prendió el ventilador’ sobre su romance con el extinto capo Pablo Escobar y todos los medios quedaron alerta. No está mal, es lo que tenían que hacer. Sin embargo, anoche que fui a un supermercado a comprar los víveres básicos, noté con sorpresa cómo las tres principales revistas de contenido horizontal en Colombia pusieron en sus portadas a la ex diva de los años setenta y ochenta, y dos de ellas, Cromos y Cambio, se engolosinaron con la fórmula fácil del parafraseo al titular exactamente igual: “¿Quién le teme a Virginia Vallejo?”, jugando con el célebre guión de ¿Quién le teme a Virginia Wolff?, de Edward Albee (1966).
    Ya en Internet vi que Semana se repitió en lo que ya se ha oído suficientemente, pero se le abona que tuvo buen material fotográfico de archivo. Por su parte, Cromos estuvo pobre, por lo menos en la versión digital, gráficamente; mas cuando su archivos es famoso por su riqueza en opacos y transparencias, pero acertó en los testimonios de personas del medio, que difícilmente han aparecido dando declaraciones sobre su relación con Vallejo. Finalmente, Cambio tuvo la narración más entretenida de cómo Gonzalo Guillén, el corresponsal de The New Herald en Colombia, contacta a Antonio Galán para preparar la cita del hermano del caudillo asesinado con la ex presentadora de televisión.Colombia no había presenciado un juicio como el que de adelanta contra Alberto Santofimio. Por varias razones, la antigua forma de adelantar juicios no permitía tal exposición mediática y los espacios en los que se realizaban las audiencias no tenían una ‘puesta en escena’ al estilo de series como Perry Mason. Adicionalmente, el país no tiene, por esa misma razón, una cultura de seguimiento a los juicios como si ocurre en Estados Unidos donde las audiencias en los casos de O. J. Simpson, Robert Downey Jr. y Michael Jackson, entre muchos otros, eran seguidas por los televidentes como las más apasionantes telenovelas. El televidente estadounidense tiene facilidad para recibir imágenes como los retratos en pastel de las escenas que levantan los dibujantes en las salas de los tribunales sajones. Aquí no.

    Quizá ciertas generaciones de colombianos recuerdan los casos como el del 8 de abril de 1948, cuando Jorge Eliécer Gaitán obtuvo uno de sus triunfos jurídicos más significativos, al sacar absuelto al teniente Cortés Poveda, o cuando en 1943 apareció el cadáver de Francisco Pérez alias ‘Mamatoco’, boxeador costeño y periodista del semanario La Voz del Pueblo desde donde atacaba al gobierno. “¿Por qué mataron a ‘Mamatoco’?”, preguntaba todos los días Laureano Gómez desde sus páginas en El Siglo.

    Finalmente, y volviendo al caso actual, para esta noche, RCN anunció una emisión con este tema. Habrá que seguirlo para ver qué recursos periodísticos utiliza.

    Preguntas al aire: ¿Por qué si todos los periodistas sabían de la relación de Vallejo con Escobar y de sus intermediaciones para que no fuera tratado como “narcotraficante”, sino como “ex parlamentario”, el chisme estaba mejor enterado que la realidad presentada por los medios? ¿Qué periodistas podrían resultar salpicados por el ventilador de la Vallejo? ¿Le gustaría que pasaran por televisión pública el juicio de Santofimio?

    Aunque anoche el vicefiscal anunció que el testimonio de Vallejo no entrará al proceso contra Alberto Santofimio, sino en uno por el asesinato de Galán ¿Valorarán los testimonios de la ex diva en la misma proporción con que están valorando los de los hermanos Rodríguez Orejuela y los de alias ‘Popeye’?

    Relatos breves para una Cartagena extensa (IV): La plaza que el Diablo no abandona

    Víctor Solano | Zona Crónica | Lunes, Julio 24th, 2006
    La Plaza de Santo Domingo suena hoy, muy distinto a como –imagino– debía sonar, verse, olerse y transpirarse hace 455 años. Pero algunas cosas, hoy, por lo menos se parecen. Las plazas en el centro histórico de Cartagena se formaban por la necesidad de que los aldeanos tuvieran un mínimo espacio para la entrada y salida de las misas y, por ello, las pocas plazas que tiene esta ciudad son unos claros que quedaban delante de las iglesias. Hace 430 años, muy cerca de allí, funcionaba el poco amable Tribunal de la Santa Inquisición, por lo cual toda muestra de inteligencia era susceptible de ser ‘corregida’. Y más si provenía de una mujer, lo cual era, irremediablemente, síntoma de una presunta brujería por lo cual creo que la efusividad y la “cheveridad” eran expresiones para guardar. Seguramente los grandes señores como el Marqués de Valdehoyos y otros entraban a la plaza en medio del estallido de las herraduras de sus caballos contra el adoquinado de la Plaza para mostrar toda su autoridad e intimidar a los nuevos esclavos. La leyenda dice que poco antes de la culminación de la torre de la iglesia, el Diablo en persona, cual ‘traqueto’, se le dio por derrumbar la torre y de un brinco se aferró a la estructura, zarandeándola con fuerza y aunque no pudo arrancarla de tajo, si la dejó torcida. Imagino que los constructores de la época se inventaron tal leyenda para evitar que le cayeran los eventuales ‘interventores’ como si se tratara de un puente vehicular en Bogotá…
    En 1588, dos años después del asalto del pirata Francis Drake, al gobierno de turno se le ocurrió algo así como un impuesto del 4 x 1.000, pero fue nada menos que una ‘limosna’ de 500 pesos mediante Real Cédula, para comenzar las reparaciones necesarias para el edificio.Hoy, en la Plaza no se ve al Diablo, pero sí a las ‘diablas’ que hostigan a los turistas ingleses que buscan las esmeraldas, pero ahora por las buenas, sin saltarse la muralla; los negros no son esclavos de ningún marqués, pero sí están esclavizados por la necesidad de comprarse las últimas ‘zapatillas’ Nike; las tiendas de abarrotes en las que se conseguían brebajes para curar los males del trópico, fueron desplazadas por los bares donde muchos turistas esperan contagiarse del trópico, aunque a veces no se encuentren lugares plenamente cartageneros, sino varios bistrot, bodeguitas habaneras, trattorías, y demás importaciones culturales. Imagino que sus dueños utilizan la misma lógica del ‘gringo’ promedio: “De México para abajo todo es lo mismo”. Por eso hay desde comparsas de bullerengue, hasta mariachis, soneros, boleristas y palenqueras. A 5.000 ‘barras’, estas últimas reciben más ingresos al día por posar en las fotos, que por la venta de sandía o mango. Tomarse una cerveza allí debería ser sinónimo de un descanso apacible, pero es la infortunada ronda de estar evadiendo a todos los vendedores ambulantes que ofrecen las réplicas de la Mujer Reclinada (‘la gorda)’ de Botero, los auténticos ‘Mont Black’ (sic), las gafas, las camisetas con las murallas dibujadas y hasta sombreros agüadeños.

    Hoy, más de 500 años después, los colombianos siguen intercambiando baratijas, pero por el ‘oro’ de los industriales y turistas extranjeros que intentan descansar un rato en un destino alternativo. La arquitectura está ahora menos preparada para la defensa del bastión y más al ataque al consumidor; quizá por eso, algunas casas conservan los viejos candados que los jinetes abrían desde su silla de montar, pero otras han cambiado los viejos portones de madera de cedro por las vitrinas minimalistas en vidrio de Silvia Tcherassi, Bettina Spitz o Hernán Zajar. Tampoco son ya los piratas Drake y Morgan los que azotan el mar caribeño, sino una nueva generación de mercenarios que venden las copias ilegales de la música de Don Ómar y a la única reina a la que rinden tributo es a Ivy Queen.

    Cartagena es exuberante, una ciudad mágica que poetas, músicos, escritores y demás locos siguen evocando en sus relatos juglares, pero hoy es una ciudad distinta o, mejor, tres ciudades entorno a una sola: la idílica, la que alimenta sus leyendas en una plaza a la que hasta al Diablo le dio por torcer sus bases.

    Relatos breves para una Cartagena extensa (III): Las tres Cartagenas

    Víctor Solano | Zona Crónica | Domingo, Julio 23rd, 2006

    A Cartagena si le cabe ese lugar común de que es una ciudad de ciudades. Pero aquí tiene que ver con las ciudades invisibles. Hay tres claras ciudades. La primera es la amurallada, la construida para la defensa de los tesoros que se enviaban a España; espectacular en su gran mayoría de las calles con arquitectura española de influencia mozárabe en las que a sus habitantes les resulta más cerca relacionarse y comunicarse a través de los balcones de los segundos pisos; cada casa del sector cercano al hotel Santa Clara o al Claustro de Santo Domingo puede alcanzar valores aproximados de un millón de dólares. Es la ciudad que la mayoría de visitantes va a ver, especialmente los extranjeros; esta Cartagena aparece en algunos itinerarios de los cruceros, pero sin contexto suficiente porque decir que esta ciudad está en Colombia es “demasiado peligroso”… Para los planes de mercadeo. La segunda ciudad es la de las playas y su epicentro está en el sector de Bocagrande y El Laguito. Es la ciudad preferida por los que van en busca de piel bronceada, rumba. Y hasta prostitución donde, aunque no se puede estigmatizar, ya se reconoce al viejo edificio ‘Conquistador’ como el punto de encuentro de ‘la oferta y la demanda’. En esta segunda ciudad duermen, cuando duermen, muchos de los que van a conocer la ciudad amurallada.
    Pero hay una tercera ciudad que es más alucinante y es en la que vive la mayoría de las personas que trabajan formalmente, muy duro, en las otras dos ciudades; también están los que informalmente someten a los turistas de las otras ciudades a una presión desproporcionada con la venta de “la gafa, la gafa”, las trenzas rastas, el paseo guiado, la réplica de la gorda de Botero, las manillas, las cocadas, los cubiertos de carey, las fotos, el paseo ‘en banana’, la moto acuática, el masaje con aceite de coco, las serenatas no solicitadas en la Plaza de Santo Domingo…Esta tercera Cartagena vive en situaciones realmente complejas. Se estima que el 70 por ciento de sus habitantes vive en los estratos socioeconómicos 1, 2 y 3, entre los cuales, el 43% ‘hace aguas’ en la indigencia con menos de un dólar diario. Allí, las celebradas, pero controladas humedades que en la ciudad amurallada resulta chic mantenerlas porque dan una apariencia de inmueble antiquísimo, en la tercera Cartagena, la de barrios como Nelson Mandela, Henequén y Mis Cojones, son síntomas de que esa noche no saben si amanecerán con techo; se come pescado casi todos los días, pero no porque se haga dieta y las carnes blancas “hagan menos daño que las rojas”, sino porque no hay otra opción. El día que no hay pescado, quizá no hay comida. A esta tercera Cartagena le ha sido prohibido el ingreso a la amurallada en ciertas ocasiones, como cuando “por razones de seguridad”, el recinto ha sido clausurado para celebrar alguna cumbre internacional sobre la pobreza o cuando vino George W. Bush y no se le permitió el ingreso a los vendedores ambulantes.

    Esta tercera Cartagena no es vista por los medios de comunicación porque por allí no hace ejercicio Salvo Basile ni por allí camina la provinciana aristocracia local de nuestro jet-set bananero; esta otra Cartagena se abre paso a las malas desde la época en que el Marqués de Valdehoyos traficaba con la tercera Cartagena, y todavía no ha logrado los espacios que merece. Esta tercera Cartagena parecería que solo conmueve a los que por allí transitamos, aunque sepamos de su existencia tanto como de las otras dos ciudades desde hace algunos años. Ayer visité la plaza de mercado de Bazurto. Me advertían los amigos cartageneros que no debí ir para allá, que los olores de la venta de pescado me harían evocar mis nauseas… “Deje así”. Fui. Sí, es una plaza con problemas de salubridad como casi cualquier otra del país, donde no hay como refrigerar el pescado, pero todo el que allí se consigue es fresco siempre. Reconozco que me miraban raro, de forma intimidatoria en algunos casos y con señales que hacían de una esquina a otra como advirtiendo mi paso, a lo que cual simplemente caminaba como viejo errante de esa plaza y cambiaba de dirección. Los olores no me marearon como suponían los amigos que no quisieron acompañarme, pero me sorprendió la convivencia íntima y compleja con un brazo de la ciénaga que por allí pasa, absolutamente contaminada. A esa ciénaga se le soporta, se le odia y se le trata como cloaca.

    No me cabe duda de que a los medios de comunicación en Colombia parece favorecerles ignorar la tercera Cartagena. A RCN le interesan las dos primeras, sobre todo la segunda, la de Bocagrande, porque el Reinado Nacional de Cartagena (donde se elige la Señorita Colombia) es transmitido, año tras año, por este canal que adquirió los derechos como si se tratara, a propósito de esta ocasión, de un virreinato en la ‘vieja’ Nueva Granada. Y al resto de medios les parece más vendedor narrar las crónicas rosas de los personajes curtidos en las páginas sociales y deleitarse con los comentarios frívolos de Poncho Rentería y sus amigas, las dueñas de todos los French Poodle que huelen a Chanel en Colombia y a los que les gastan las fortunas que nunca verán los de la tercera Cartagena. En conclusión, esas dos glamurosas Cartagenas son las que tiene el 90 por ciento de la población colombiana en la cabeza, gracias a los medios. Si va a cartagena vaya con otros ojos, más de viajero que de turista.

    Preguntas al aire: ¿Qué imagen tiene usted de Cartagena? ¿Según los medios de comunicación hay alguna otra ciudad que valga la pena visitar en Colombia?

    Relatos breves para una Cartagena extensa (II): Todos los días nace Benkós

    Víctor Solano | Zona Crónica | Viernes, Julio 21st, 2006

    Antonio* tiene ahora los músculos relajados. Hace 15 años cuando tenía la mitad de su vida, los músculos de este negro estaban tensos. Una tarde como la de hoy, hace tres lustros, estaría ocupando uno de los sacos de arena que él utilizaba para entrenar como boxeador porque pensaba ser el sucesor del ‘Happy’ Lora o de Fidel Bassa. Su entrenador le propuso que midiera sus fuerzas en una disciplina distinta: la halterofilia. Este deporte con nombre evocador de enfermedades contagiosas, lo enamoró. Estuvo tres años en eso. Me cuenta que era bueno porque era corto de estatura, pero con brazos fuertes y me dice que tiene nostalgia al ver los juegos Centroamericanos y del Caribe por televisión, porque él habría podido darle esas satisfacciones a Colombia, si hubiese seguido, pero no encontró patrocinio. Y ese ritmo de trabajar vendiendo gafas o dulces en la calle todos los días hasta las tres de la tarde; atravesar la ciudad para llegar al Chico de Hierro, un gimnasio en el Pie de la Popa; entrenar tres horas y correr apresuradamente para hacer su bachillerato nocturno en el Liceo, lo estaba acabando, pero, sobre todo, frustrando. A sus quince años, Antonio era un Benkós, el rebelde guerrero negro de San Basilio de Palenque que se alzó contra los españoles y les mostró quién era quien en la Cartagena colonial.Dejó de alzar pesas para tratar de levantar unos pesos. Prestó el servicio militar y luego su sargento lo convenció para que no regresara a ‘la civil’. Antonio se quedó. Como soldado profesional podría enviarle casi todo el sueldo a su mamá. Se curtió en los Montes de María y a veces recibió órdenes raras para no atacar un grupo guerrillero ya identificado por la línea de avanzada. Una vez, González*, su lancero entrañable, apareció muerto en La Diez, una calle tenebrosa para las ‘señoras bien’ de Santa Marta, y la preferida de las ‘señoras mal’. Los relatos dicen que González flirteó con una de las ‘pajaritas’ de La Diez, que ya tenía dueño; este, enceguecido por la ira, se fue contra González, pero antes recibió de González “un coñazo muñeque e’ burra” que le partió uno de los pómulos y le dejó hendido el hueso. Luego del golpe de gracia, habría corrido hasta el muelle, pero se había llevado a domicilio un proyectil caliente de un 38 de cañón tres cuartos. Al parecer, no se había dado cuenta de la bala alojada en el pulmón izquierdo hasta que sintió empapada su camisa. Alcanzó a llegar muy cerca de la base. Cuando se supo quién lo había matado, solo la guardia quedó en la base y todos llegaron hasta La Diez y treparon todas las calles hasta que dieron con el sujeto y lo llevaron hasta el cuartel. Se dijo que era un líder de las milicias urbanas del paramilitarismo en Magdalena. En los papeles está registrado que lo soltaron por falta de pruebas. “Todavía lo están esperando en su casa”, me dice Antonio.
    * Los nombres han sido cambiados por seguridad.

    Relatos breves para una Cartagena extensa (I): El 20 de julio más negro de Colombia

    Víctor Solano | Zona Crónica, Clásicos | Jueves, Julio 20th, 2006

    Nota del autor: Para terminar esta semana, he pensado alimentar este blogcito con una serie de relatos breves sobre una Cartagena que he encontrado más inmensa que nunca. No son crónicas, no domino ese género, son solo pulsiones en un ambiente acalorado ¿De acuerdo? Así que si esto lo lee un estudiante de periodismo lo conmino a que desaprenda después de esto.

    Es el 20 de julio más negro que ha presenciado el autor de estas líneas. Soy un hombre de mediana edad y nunca había visto una celebración del Día de la Independencia de Colombia, tan negro. El sol pleno, casi cenital, se posaba sobre la Cartagena de las murallas como diciéndole a todos que este día solo estaba disponible para entrar al Corralito.Sin embargo este día fue negro, felizmente negro, porque la gran gracia de Cartagena de Indias es que realmente ha sido una Cartagena de negros. Aunque apellidos como Román, Emiliani y otros han dominado el firmamento social de la ciudad, Cartagena es mayoritariamente una ciudad negra, como lo son sus murallas de piedra curtidas por el sol y la sal. Este 20 de julio desfilaron 47 colegios con sus bandas de guerra y sus bandas de paz; con niños que parecería debieran estar tomando tetero, y no izando un bombardino; con negritas adorables estrenando sus trenzas de ébano y sus dientes de comerciales de dentífrico.

    Un 20 de julio en Cartagena es sencillamente espectacular porque la vida corre a otro ritmo y aquí no importa tanto qué diablos están haciendo esos cachacos en la posesión del Congreso. Qué delicia y qué envidia. Lamento haberme perdido los otros 32 porque es un festival para el ojo con tantísimos colores, con sonrisas infinitas. A las 6:13 de la tarde, una nube que parecía la amenaza de un diluvio bíblico se tendió sobre la bóveda azul con un su manto negro y todos corrieron despavoridos a cubrirse como si cayeran meteoritos. Solo unos pocos cachacos, a los que miraban como locos, quedamos a la intemperie, agradeciendo las primeras gotas en la piel sudorosa. Por eso, este 20 de julio comenzó felizmente negro para todos nosotros y frustrantemente negro para los cartageneros que vieron como sus hijos, embutidos en uniformes de tafetán, paño y lino blanco, quedaban expuestos a la voluntad de Dios y de San Pedro.

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