Como si se tratara de un contenido paria, la franja de opinión en la televisión colombiana fue desalojada a un vecindario de mala muerte. No hay periodismo ni opinión en los canales privados entre las 8:00 p.m. y 11:30 p.m. En los años ochenta, los programas periodísticos y de opinión como Enviado Especial, las entrevistas de Margarita Vidal, los debates de César Simmonds Pardo en El Juicio y hasta Charlas con Pacheco, ocupaban un espacio importante en la agenda de las familias del país.¿Qué pasó? He identificado estos factores para que ustedes me ayuden a clasificar si son síntomas o son enfermedades:
  • El concepto de familia ha mutado. Una familia ‘típica’ se apoltronaba frente a un solo ‘televisor familiar’, oportunidad única para socializar y para ‘aprender’. Había una valoración impositiva de que la televisión ‘tiene’ que educar y allí los espacios de opinión ayudaban en ese propósito. El televisor era la chimenea contemporánea.
  • La televisión se privatiza en el país. De un modelo en el que el Estado es dueño de los espacios y los ‘arrienda’ (entrega en concesión) a programadoras particulares se pasa a uno de grandes oligopolios que controlan los dos principales canales y estos ya son dueños absolutos de los espacios y de los gustos.
  • El televisor abandona la sala. Los integrantes de la familia se refugian en sus espacios vitales más profundos y cada uno se lleva un televisor a su habitación. La chimenea se divide en pequeñas flamas que pasan de lo privado compartido a lo privado individual.
  • El ‘boom’ de la telenovela colombiana. El mundo ve con asombro que este país cafetero produce un giro en los argumentos, cambio de escenarios y a muy bajos costos produce telenovelas con tramas radicales. Aunque en el fondo siga la trama del modelo shakespereano clásico.
  • Crece la oferta televisiva. Aparece la señal de las antenas parabólicas y posteriormente la televisión por sucripción (cable y satelital). Los consumidores no globalizan la mirada como se ha dicho, pero si se alimentan de narrativas locales mexicanas, brasileñas, pero sobre todo peruanas.
  • ¿Cambia la agenda de gustos?. Los canales privados, mucho más abiertos al mundo que el Estado, observan con curiosidad los modelos exitosos en otras latitudes y los exportan, pero como pasa en nuestro entorno microindustrial, no se hace una transferencia de conocimiento para adaptar a la realidad cultural, sino que se compran paquetes.
  • La irrupción de los ‘reality shows’ se toma al mundo. El modelo gusta, entretiene; “no se aprende, pero se goza”; hace carrera el sentido voyerista.
  • Colombia renuncia a las tramas originales. Los productores colombianos (RTI, Televideo…) encuentran que resulta más provechoso producir para el mercado latino en Estados Unidos que para el criollo. Sin embargo, esas producciones terminan endogenizadas en Colombia y el público colombiano se somete al ‘acento neutro’ y a las viejas historias de los ‘culebrones’ que tanto éxito les dieron a Venezuela y México en los años setenta y ochenta. Se renuncia a la propuesta colombiana, pero se gana más dinero.
Ahí mis primeras ideas de este texto inacabado. Espero que me ayuden a continuarlo y no terminarlo.