Aunque resulta fascinante la filosofía de los blogs en la que el autor puede escribir de lo que se le dé la gana, siempre he pensado que a mí me gusta leer blogs que se especializan en temas.
Por esa razón leo con frecuencia Pirated Network y TecDigestión cuando quiero ver opiniones sobre tecnología y sociedad; Diarionocturno.com para ver humor; Total TV para ver los ratings; EquinoXio para leer columnas de actualidad de sus distintas plumas (‘teclados’ para no sonar tan anacrónico); Digitalbook y Diseño de Información para ver cosas de diseño; How Advertising Spoiled, cuando quiero ver piezas atrevidas de publicidad; El Espacio de Juana, cuando quiero ver la vida de una colega colombiana en África.
Es mi forma de consumir blogs, aunque eso no signifique que sea necesariamente la correcta. De hecho me encantan ciertos blogs que hablan de todo y entro con alguna frecuencia a varios como Cafeguaguau, En medio del ruido y Missed in action, entre muchos otros.
Quizá por esa razón de consumo bloguero muy personal existe ¿Comunicación? para conversar de las cosas que habitualmente ustedes ven; y por eso también existe Tallar con Luz porque pensé que si aquí publicaba mis foticos se verían impertinentes y por ello sería mejor tener un photoblog.

Con esa lógica rehabilité mi primer intento de blog: Desnudos que tiene un dominio que me interesaba conservar. En su momento (abril 2004) no me atrapó la blogosfera y todavía conservo allí ese primer e inocente post. Muy poco tiempo después hasta perdí la contraseña. La redescubrí la semana pasada y fue cuando decidí alojar allí una idea que me venía dando vueltas en la cabeza: ‘Necesito un espacio para hablar de otras cosas’.

El domingo comencé de nuevo con la idea de no tener tanto rigor, de darme el lujo de opinar, de ser militante, de contar un cuento si así lo siento y hasta de disfrutar el encanto de la irresponsabilidad. Un ejemplo es que mientras aquí puedo llegar a proponer temas de comunicación política, en Desnudos podría llegar a conversar sobre política.

Sobre el nombre
Surge de una anécdota. Lo he llamado Desnudos en homenaje a la revista que en la Universidad Javeriana hicimos cuando estábamos en segundo semestre, en clase con la periodista y entonces profesora Ana Lucía Duque. Todas los títulos de las revistas que hacíamos los distintos grupos de trabajo, con tirajes de mil ejemplares casi todas, tenían que ser aprobados por la Decanatura. El nombre de Desnudos inmediatamente prendió las alarmas titilantes de la fe ignaciana y los autores fuimos llamados a reunión con el Decano, para quien el título resultaba escandaloso. Le expliqué que Desnudos significaba “desatar nudos, desamarrar nuestras pensamientos”.

El padre no quedó muy convencido y pasó de pensar que nuestra revista era “escandalosa” a considerar que era “confusa”. Nos propuso que tuviera “un nombre bien concreto”. Eso hicimos: la revista salió a circulación con el vetusto y despedidor nombre de Concreto, que más parecía una publicación para el gremio de cementeros que una revista cultural. Al padre creo que le gustó menos por la tomadura de pelo, pero nosotros hemos tenido para reirnos todos estos años con esa decisión. Por favor si alguien descubre esa revista en la calle tiene toda la libertad y hasta la obligación moral de destruirla. No me responsabilizo por la forma en que está escrita. Hoy pienso que la revista, por su mal calibrada forma de los textos, no ha debido llamarse Concreto, sino Ladrillo.

  • Para entrar a Desnudos (desatando nudos) haga clic aquí. Luego me cuentan.