Con la muerte de Guillermo Cano Isaza, todos los periodistas morimos un poco. Ese 17 de diciembre de 1986 fue un temblor que sacudió al país, tanto que a mí también que era un imberbe más que terminaba su primer año de bachillerato y solo pensaba en fútbol y en divertirme.

Pero Cano sin saberlo también inspiró a mi generación y con su muerte algunos nos decidimos a intentar seguir su rastro…

Cano representaba la más fiera y frontal lucha contra la infiltración del narcotráfico en las venas de la nación. Desde sus editoriales denunció públicamente la irrupción de personajes funestos en la política, el fútbol y la economía, en un país que se mostraba complaciente con la avidez de la nueva aristocracia de bolsillos llenos.

Pero no solo desde los editoriales. Cano orientó la investigación periodística para destapar quién era ese tal Pablo Escobar que aparecía muy orgulloso como representante a la Cámara y que acompañaba al flamante ex ministro y senador liberal Alberto Santofimio Botero. Y fue El Espectador quién reveló la identidad y el pasado y presente oscuro de Escobar.

Es célebre la forma en que un día se paró de su escritorio con la certeza de que había visto esa cara antes (la de Escobar), corrió al Archivo, escarbó y encontró un viejo proceso en el que Escobar había sido responsable de meter -creo que 36 kilos- de coca a Estados Unidos. El capo había hecho borrar el expediente, pero Cano publicó ese informe y allí firmó su sentencia de muerte.

Hoy las denuncias de Cano siguen teniendo la misma vigencia, pero el país sigue igual o peor en muchos aspectos. El narcotráfico no ha acabado. Ahora se ha especializado en más funciones, sus capos son ahora más gerentes que y la cúpula de líderes delincuenciales se ha atomizado.

Hoy, 20 años después de muerto, Cano con su ejemplo enseña más de honestidad y ética periodística que muchos profesores y periodistas vivos. Fueron 44 años de buen periodismo resistiendo los embates de la presión de los grupos económicos, del crimen organizado y de los gobiernos autoritarios.

Paz en la tumba de Guillermo Cano porque el país al que ese periodista intentó convencer de los tiempos actuales parecería que renunció a la posibilidad de de defenderla.