Los que tenemos algún vínculo directo con Venezuela tenemos preocupación por lo que allí está sucediendo. Muchos tenemos amigos allá; algunos (menos) hemos vivido allá; algunos (muy pocos) hemos trabajado en medios de comunicación de allá, pero muchos, muchísimos más, tenemos lazos culturales y sociales que nos atan al hermano país. Yo tengo todos esos lazos.

Por años hemos recibido sus trazas culturales expresadas en su magnífico folclor, sus artistas plásticos y musicales, sus telenovelas ‘culebreónicas’ que acompañaron como banda sonora nuestra infancia; hemos reído con sus humoristas; los hombres deseamos o simplemente admiramos como tesoros inalcanzables a las hermosas reinas de belleza se ganan un Miss Universo cada tres años, aun cuando no nos gusten los reinados de belleza; la cultura llanera nos une en una misma sábana y una misma Sabana y a un caraqueño le alcanzó para conseguir la liberación de cinco países, entre ellos el nuestro.

Cuando menos, todas esas cosas deberían hacernos solidarios por lo que allí ocurre. De todas las cosas que podríamos hablar sobre la actualidad de Venezuela, me interesa que lean este artículo que escribió Valentina Lares, la corresponsal de El Tiempo en Venezuela sobre la polarización de la prensa.

Existe una dificultad para que un periodista o un medio se pueda presentar como independiente. Lares cita a la periodista Sandra La Fuente, autora del libro El acertijo de abril: “El mayor enemigo del reportero que, a pesar de las circunstancias, procura ceñirse, con conciencia ética, a su trabajo, es que una mitad de Venezuela jamás le creerá”.

Es por eso que la situación de los medios nos ha preocupado de manera permanente y la última amenaza a RCTV confirma que la presión a la prensa ya no puede medirse por los indicadores convencionales como medios cerrados, periodistas presos, ataques a instalaciones… El régimen actual parece haber encontrado formas más ‘elegantes’ para silenciar a los medios.

Hoy por hoy, parecería que una buena parte de los medios venezolanos ha optado por la solución (que no digo que sea fácil) de autocensurarse debido a que delitos como la infamia, vilipendio e injuria fueron fortalecidos con la reforma al Código Penal en 2005. Ante este panorama, los medios sino fácilmente, por lo menos de manera frecuente podrían ser enjuiciados con este argumento y la reforma contempla que si es contra “funcionarios públicos”, las penas se duplicarían. Esa es una situación amenazante, aún para aquellos medios que hagan honestamente su trabajo.