Una de las cosas que resulta más emocionante de esta época es que los ciudadanos podemos participar en la discusión -todavía no en muchas de las decisiones- de los sucesos que pueden ser críticos para la sociedad. La esfera de lo público puede ser permeada ahora de diversas maneras con distintos instrumentos de las tecnologías de la información para elevar la voz del ciudadano a instancias antes inéditas. Pero en Francia parece que ahora eso no es tan ‘llamativo’.

Hasta ahora es un proyecto de ley impulsado por Nicolás Sarkozy y que está en la mira del Consejo Constitucional de Francia. En principio tiene un propósito no tan descabellado y es que como lo interpreto, se trata de que no se comercialicen ni trivialicen las imágenes captadas por ciudadanos en acontecimientos como palizas o cualquier otro acto de violencia; tal vez evitar el fenómeno snuff que es obviamente censurable.

De manera práctica, lo que se propone es que ese tipo de materiales solo puede ser capturado por equipos de periodistas profesionales. El resultado de esa medida podría alegrar a las facultades de comunicación y periodismo al empoderar de esa posibilidad únicamente a sus egresados. Pero creo que solo a las más retrógradas de las facultades y escuelas de periodismo podría alentarlas por cuanto el mundo está cambiando y la narración de la realidad exige múltiples voces para contar su devenir.

En mi calidad de profesor en una universidad podría apegarme a esa ‘encíclica’ de que los periodistas profesionales son los que deben contar esas historias, pero honestamente no me parecería ético afirmar tal cosa. Por supuesto quienes pasan por una universidad para formarse como periodistas desarrollan unas competencias comunicacionales que les facilitan el desempeño profesional y deberían estar en capacidad de desarrollar historias periodísticas con toda la rigurosidad.

El reto de las universidades está en comprender estas nuevas dinámicas sociales y revelar claves para hacer un periodismo no solo para los ciudadanos sino con ellos ¿Cuántas universidades están teniendo hoy esa concepción?

Creo que ese rigor en el periodismo cultivado en las universidades no debe desaparecer y que puede ser su gran diferencial no debe desaparecer. Ahora bien ¿Cómo negar que los medios sociales están ahora al alcance de las grandes mayorías? ¿Cómo negar que un telefóno móvil es hoy en día un instrumento para compartir relatos? ¿Cómo desconocer la fuerza incontenible de una buena parte de los 67 millones de blogs que hay actualmente en el mundo?

Si hay algo interesante de este fenómeno es que hoy cobra más vigencia que nunca la mirada del ciudadano, desprevenida, casual o planificada, pero en la mayoría de los casos, sincera y con ánimo reivindicatorio. El proyecto de ley tiene un alcance que derrotaría las esperanzas que alguna vez sembró en su célebre revolución. Es un costo muy alto el de desconocer esa mirada alternativa de la realidad que pueden ofrecer los ciudadanos.
La noticia la vi en Baquia.com, quien a su vez la recoge de InfoWorld y allí se cita el proyecto de ley (en francés).

Preguntas al aire: ¿Estaría de acuerdo con la aprobación de este proyecto de ley? ¿Qué ventajas y desventajas encontraría en una ley como esta? ¿Cree usted que el único que puede hacer periodismo es el periodista egresado de una universidad?