No es mucho, pero es mucho mejor que los 81.000 millones de pesos que fueron asignados del presupuesto nacional para la ciencia durante 2007.

La brecha con los países industrializados aún sigue siendo alta, pero por lo menos se comienza a allanar ese camino. Me alegra, me alegra mucho esta noticia porque quienes hemos sido testigos desde la comunicación pública de la ciencia y desde los distintos esfuerzos de popularización, divulgación y periodismo en ciencia siempre nos ha quedado esa sensación de un aparato científico mendigante.

Colombia requiere creer en su gente de ciencia, pero sobre todo en las enormes posibilidades que trae para una nación que se construya esa nación desde el conocimiento. Nuestro aparato productivo ha cometido el ‘pecadillo’ de no creer en la investigación aplicada, sino que prefiere comprar tecnologías sin una importación crítica. Es decir, las empresas compran máquinas, cajas con tecnología, pero ni siquiera se preocupan porque haya transferencia de conocimiento. Cuando acuden a los departamentos de investigación de las universidades esperan a que éstas les regalen su conocimiento y sienten que antes están cediendo mucho al dejar hacer sus prácticas a los estudiantes de maestría y doctorados…

¿Y la comunicación de la ciencia?
Por nuestra parte, los que estamos de este lado de la comunicación necesitamos ser más críticos ante los anuncios de los investigadores, ante sus intereses y conservar una moderación en el entusiasmo que nos permita ver los desarrollos de nuestros investigadores a través del cristal de la honestidad y no llegar a inflar un resultado de un laboratorio solo porque “hay que apoyar la ciencia que se hace en Colombia”, como me regañó alguna vez el célebre Manuel Elkin Patarroyo cuando me increpó porque yo iba a ‘delatar’ que los resultados de la aplicación de la vacuna SPF66 en las pruebas de Tanzania no habían sido satisfactorios. Patarroyo pidió mi cabeza porque yo era un “antipatriota” como si la patria –pienso– se construyera desde la mentira o desde la omisión. En fin, por célebre y “colombiano” que sea el desarrollo de una innovación hecha en Colombia, los divulgadores no debemos perder la perspectiva y producir mensajes desproporcionados.

Finalmente, los medios de comunicación tienen la enorme responsabilidad de mirar la ciencia, con criterio, que se produce en Colombia y no replicar únicamente la información que viene en los cables internacionales. La imagen que se forma en el ciudadano promedio es que la ciencia se hace únicamente en países sajones por hombres rubios de batas blancas. Nuestros medios desconocen, por ejemplo, las ciencias sociales y estas son grandes ausentes de la agenda mediática y desconocen el trabajo divulgativo que realiza la Agencia Colombiana de Periodismo Científico (Noticyt) que –con el apoyo de Colciencias, la Universidad del Rosario y la Asociación Colombiana de Periodismo Científico– produce noticias y reportajes especiales para los medios de comunicación masivos de forma gratuita sobre la ciencia, la tecnología y la innovación en el país.

Bien por el nuevo presupuesto, pero más desafíos para todos los actores implicados porque no se debe perder un solo peso en la cadena o de lo contrario tendríamos que esperar otra década para alcanzar este pico presupuestal. En este escenario, los ciudadanos tenemos el deber de fiscalizar la inversión pública y demandar como sociedad, un país más preocupado por su ciencia, que en todo caso, es el motor de la productividad.