El 28 de julio me embarco a cumplir un viejo sueño: Conocer La Guajira, o por lo menos parte de ella (sin llegar a la parte alta). Tengo el encargo de relatar en cuatro tomos las experiencias e inquietudes de niños y jóvenes frente a la ciencia y la tecnología.

Algunos de los proyectos que ya he venido leyendo son sencillamente encantadores por su metodología, pero lo que más me gusta es que aun cuando se preguntan cosas que podríamos pensar que son demasiado obvias, precisamente lo que develan es que la sensibilidad que se tiene a esas edad para dudar, para sospechar de los hechos es una disciplina que hemos venido perdiendo.

Con un periodista amigo agarraré mi carrito y atravesaremos media Colombia como cortando una mantequilla para encontrarme con esa mítica cultura Wayuu y trataré de tener esa misma actitud despierta y de asombro de los niños ante lo que parece más cotidiano. En otras palabras, abriré los poros con descaro para empaparme de una sabiduría que históricamente hemos venido mirando con desdén.

Seguramente van a ser 15 días de mucha indisciplina con este blogcito, pero en la medida de lo posible me asomaré y de ser posible les contaré algunos hallazgos en formato de relato breve, ante la fragilidad para escribir crónica.

Preguntas al aire: En otras ausencias me han cuidado el ‘chuzo’ ¿Me van a seguir cuidando el blogcito? ¿Alguna recomendación para el camino o para la estadía?

PDTA: Me perderé el arribo del profesor Moncayo a Bogotá, pero leeré la crónica de mi hermanito –que también sufre de periodismitis– en un medio nacional ya que le acompañará en los últimos kilómetros.