Diarios de todo el mundo han reproducido las fotos en las que Piedad Córdoba sale sonriente en compañía de los delegados de las Farc para las conversaciones con Hugo Chávez, en Caracas. Hace más de una semana pensaba que pronto saldría la foto en alguna hacienda de Barinas, Táchira, Apure o en el Zulia; pensaba entonces que posarían Córdoba, Chávez y ‘Raúl Reyes’. Me equivoqué, pero…

Pero ni tanto. En efecto ‘la foto’ la pudieron hacer simultáneamente decenas de corresponsales en las escalinatas, saliendo de Miraflores. Posaban y hablaban Córdoba, Chávez, pero no ‘Raúl Reyes’, sino ‘Iván Márquez’. Creímos todos que ya era suficiente, pero no. Hoy se percibió la molestia de que generó la divulgación –por parte de la Agencia Bolivariana de Prensa– de nuevas imágenes de una Piedad Córdoba con boina del grupo guerrillero, sonriente, que recibe flores de los altos mandos de las Farc, y en territorio venezolano.

La senadora ha dicho que le resta importancia a las imágenes y que fueron sacadas de contexto. Explicó que ella le arrebató la gorra a uno de ellos para “mamarles gallo” y que fue sorprendida con el ramo de flores.

En términos de distensionar la reunión, que pudo estar muy compleja, el gesto de Córdoba es hasta comprensible; en efecto puede servir, para calmar los ánimos, hacer una pequeña broma porque desarma las tensiones que se hayan generado al involucrar un gesto totalmente inverosímil a una situación rígida. No obstante, la publicación de las mismas por parte de la Agencia se convierte en un comodín para todos los críticos de la gestión de Córdoba y Chávez en aras de un acuerdo humanitario para la liberación de los secuestrados.

¿Beneficiaba en algo al proceso la publicación de las imágenes? Todo parece indicar que no. A una Córdoba en esta situación se le puede ubicar más fácilmente del lado de la guerrilla, que del proceso mismo. Por supuesto no se trata ahora de lograr una ‘compensación’ y esperar ver a la senadora liberal hablando en diminutivo y llegando a caballo hasta las riberas del río Guatapurí para bañarse ‘en chingue’ con el Presidente. Pero indudablemente las fotos le hacen daño a la credibilidad del proceso porque despiertan la sospecha sobre su parcialidad.

Si Córdoba quiere fortalecer su gestión debe tener claro que comunica tanto lo que dice como lo que no dice; lo que muestra como lo que esconde.

Mi opinión personal sobre el tema, aquí.