Todos los días recibo invitaciones de grandes amigos, de amigos en la distancia, de amigos que no sabía que seguían ahí y de amigos que ni sabía que tenía…

Ahora mismo, cuando empiezo a escribir estas líneas, acabo de concluir una conversación con una vieja amiga del colegio que me reclamaba por el MSN (herramienta que no ‘encendía’ desde hacía más de un mes) que por qué yo no me había metido aún en Facebook. Y de hecho me estaba reclamando porque decía que mis compañeros de colegio me extrañaban y que hasta había fotos mías allí… ¡Plop!

Los de mi colegio han conformado un grupo, como es muy común en la lógica de Facebook, en el que comparten fotografías, mensajes y otros recursos. Me gustaría verlas, no lo niego, pero he tenido por ahora un injustificable sentimiento de ‘resistencia civil’ ante la posibilidad de abrir mi propio espacio en esa red creada por Mark Zuckerberg en la que millones de personas han encontrado el espacio que estaban esperando.

Hace apenas unas pocas noches durante el Sexto Encuentro de Bloggers en Cali que recibió la espontánea denominación de Blog al Parque (y hasta generó su propio blog) conversábamos sobre el tipo de espacios que se estaban generando y el alcance y utilidad de unos y de otros.

Allí decíamos que los blogs habían alcanzado una explosión demográfica avasalladora en parte porque los millones de usuarios que abrían un blog tal vez no habían encontrado una herramienta mejor para exponer sus simplezas que la plataforma del blogging. Ahora es probable que se abran menos blogs, o por lo menos se desacelere la tendencia con la fuerza que han tomados las redes sociales para compartir pequeños textos, fotografías y hasta videos. Si muchos de los actuales bloggers hubiesen encontrado primero sitios como Facebook o Flick’r tendríamos muchísimos menos blogs en el mundo.

Creo que cada cual tiene una plataforma con la que se siente más a gusto para exorcizar los demonios internos. Yo no había creado un sitio web antes porque simplemente me parecía una plataforma estática, sin vida para todo lo que creía tener para decir. Así que estuve durante años por fuera del ciberespacio, solo como un navegante juicioso, pero no como generador de contenido con frecuencia en la publicación de artículos. El MSN solo era una herramienta de comunicación instantánea, efímera que no dejaba nada para la posteridad. No digo que mis artículos queden para la historia, pero por lo menos darán cuenta de lo que pensaba, soñaba y temía de una época. Para la historia, la mía, quedaran al desnudo todos los yerros y las contradicciones, pero no importa. De eso se trata esto: De dar fe por todo aquello en lo que no tuve fe.

No me he metido a Facebook porque tengo prevenciones como que no me alcanza para decir todo lo que hoy vocifero desde estas líneas; porque no sé porqué tendría amigos que ni siquiera me han visto reír o llorar; porque no sé si por ahí se iría el último hálito de intimidad; porque no sé si hay detrás una de esas locas teorías conspirativas en la que algún gobierno monitorea a los ciudadanos para cerciorarse de que no hay terroristas… Aún no sé si dejaremos de existir todos los que no estemos en la red de Facebook y cobre más valor el avatar que las reuniones cara a cara.

Así que por ahora no, gracias. Mi expresión principal seguirá en el plano físico, en el mundo de los átomos, en el que el sol no está pintado y las sonrisas no se limitarán a los emoticones :) … En segundo lugar seguirán estas plataformas de los blogs que se acomodan a mi ritmo, más que otras y seguiré experimentando con otras redes y plataformas para ver si algún día les encuentro usos útiles. Mientras tanto seguiré feliz perdiendo/ganando el tiempo en estos espacios.

Preguntas al aire: ¿Y usted ya entró a Facebook? Si sí ¿Qué es lo que podría convencerme de entrar? ¿Siente usted que ha ganado algo al involucrarse en esa red?