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    El comportamiento de los noticieros frente a las pruebas de supervivencia

    Víctor Solano | Periodismo, Medios Colombia, Venezuela | Miércoles, Enero 16th, 2008

    En las últimas semanas, la montaña rusa de las emociones en esta telenovela en que se ha convertido la historia de la liberación de Clara Rojas y Consuelo González, el anuncio del presidente Uribe de que Emmanuel llevaba dos años en un hogar del Bienestar Familiar, la presencia de Oliver Stone en Villavicencio, los agravios de Hugo Chávez al gobierno colombiano y la petición del presidente venezolano de no seguir declarando como terroristas a las Farc tuvo ayer un desenlace (parcial, claro está) con la revelación de las pruebas de supervivencia (o de ¿masacre en vida?) en el escenario mediático.

    El 15 de enero de 2007 quedará para la historia como el día en que los colombianos y muchos ciudadanos del mundo conocimos las famosas ‘pruebas de supervivencia’ que un grupo de secuestrados pudo enviar a sus familiares, a través de las liberadas Consuelo González y Clara Rojas.

    A excepción de unas cartas adicionales que envió el Coronel Mendieta a algunos periodistas, las pruebas, reitero, fueron enviadas a los familiares de las víctimas, pero estas fueron rápidamente ‘interceptadas’ por los medios de comunicación, especialmente RCN y Caracol, para divulgar las imágenes y los cartas manuscritas.

    Como yo lo veo, tanto los testimonios como las imágenes son de interés noticioso nacional e internacional por cuanto median la preocupación y la solidaridad de tipo humanitario que en muchos países se ha despertado hacia las víctimas de las Farc y por el otro lado, por la atmósfera bombardeada de las relaciones entre los gobiernos de Venezuela y de Colombia, que de paso es oportuno insistir no son proporcionales a las de los pueblos de los dos países que sigue en estrecha solidaridad y lazos de hermandad. Es decir, periodísticamente, el cubrimiento del arribo de las pruebas es perfectamente válido.

    Pero no por ello todas las formas de comunicar esta trágica situación son legítimas aunque sean legales. Las pruebas –que más que ‘de supervivencia’ son la evidencia de la barbarie– son desgarradoras por la crudeza con que fueron escritas, por la bajeza de las acciones de las Farc al encadenar al cuello a sus cautivos mientras intentan conciliar el suelo en medio de la amenaza permanente de la muerte, de la leshmaniasis potencial en cada insecto que se les acerca y del dolor producido por las llagas de los kilómetros andados en la desesperanza de la jungla interminable. Si esos detalles son repugnantes y delatan la inhumanidad de las Farc ¿Por qué hay que agregarle a eso la música de película de terror y el relato en la voz de los familiares?

    Con las solas pruebas ya era suficientemente dramática la situación como para tener que agregar artilugios narrativos baratos en la música y como para tener que obligar a los familiares a leer y releer las desdichas de sus seres queridos ante cada una de las solicitudes de cada uno de los periodistas que les pedían hacer directos para sus respectivos medios.

    Ustedes podrán decirme que nadie les estaba apuntando en la cabeza con un revólver a los familiares para que repitieran la lectura de las cartas, pero hay que tener en cuenta que estas personas se encuentran en una situación de absoluta vulnerabilidad. Una cámara o un micrófono y la ‘amenaza’ de un directo es, para muchos, el equivalente a ese revólver y en medio de esta desesperanza y la adrenalina ‘a mil’ por la presencia de unas pruebas que no se recibían desde hace cinco años hacen que se acceda a la inclemencia de la primicia.

    Los medios han debido comprender que la lectura de estas evidencias merecía un momento de respeto, de soledad, de comunión familiar, que no es éticamente aceptable su transmisión en directo y sin la dignidad de la soledad. El mismo acto de entrega de las pruebas pareció –con todo respeto–  una ceremonia de graduación en la que la figura de la directora entregaba los diplomas a los estudiantes. Las cámaras perfectamente ubicadas no perdían detalle de esta entrega, lo cual me despierta la sospecha de que la misma entrega pudo ser más discreta, pero que fueron los medios allí presentes los que orquestaron el montaje casi coreográfico para poder registrar la noticia, pero yendo mas allá: Construyendo el momento.

    Este tipo de situaciones me parecen muy graves para la veracidad, la credibilidad y la posterior tentación de manipular tanto los episodios que la realidad termina cediendo terreno ante una realidad novelada, una ficción en el lugar no indicado.

    Finalmente y como atenuante, debo también reconocer con toda justicia, que los mismos canales RCN y Caracol pusieron a prueba todas sus estructuras tecnológicas, administrativas y por supuesto, periodísticas para cubrir el difícil período entre el 24 y el 10 de diciembre de toda esta historia porque ante cada una de las pistas que iban apareciendo en el curso de los acontecimientos, los periodistas pudieron indagar con mayor profundidad en las fuentes vivas.

    Y eso con el agravante de que en diciembre, los medios están acostumbrados en esas semanas a trabajar a media marcha por las vacaciones y el bajo ritmo de las noticias. Varios periodistas mostraron su coraza de reporteros y eso hay que reconocerlo. No obstante quedan todas las inquietudes y temores expresados en los párrafos anteriores.

    Preguntas al aire: ¿Cuál es su opinión sobre el cubrimiento de estos episodios por parte de los medios televisivos? ¿Cree que hubo excesos en el trabajo periodístico? Especulando un poco, si usted hubiese sido el editor de uno de estos medios ¿Cómo habría cubierto los distintos episodios de esta historia?

    24 comentarios

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