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    ‘El Bogotazo’, sesenta años después

    Víctor Solano | Zona Crónica | Miércoles, Abril 9th, 2008

    Nunca había acudido a este ritual que lleva 60 años dándose de manera ininterrumpida. El lugar donde murió Jorge Eliécer Gaitán con balas de $2,50 percutidas desde un revólver de $75 pesos de la época.

    Hoy acudí por curiosidad, muy sobre el tiempo llegué unos minutos después del medio día y ya se sentía que hervía un fervor por el caudillo ausente. Viejos seguidores del líder liberal mostraban fotos de la época y, por supuesto, retratos de la figura india y huesuda de Gaitán con su mentón de hierro y su pelo perfectamente engominado. Muchas de esas imágenes mostraban el puño desafiante en posición de arenga que por años ha alimentado la leyenda del abogado al que alguna vez no le permitieron el ingreso al elitesco Jockey Club y años después se educó con Enrico Ferri en la Universidad de Roma.

    Hoy, varios de los seguidores del caudillo levantaron sus puños para lanzar vivas y emular el tono grandilocuente y por supuesto demagógico del máximo líder natural del ‘trapo rojo’ en los años cincuenta; hoy, los esmeralderos de siempre se confundían con los visitantes de nunca.

    Hoy, la arquitectura republicana que resistió los embates del fuego, los saqueos de los oportunistas de siempre, los disparos de los francotiradores y el inevitable paso del tiempo convive con el Transmilenio que discretamente dejó de circular como previendo ‘ataques nostálgicos’ como los que recibieron los tranvías por parte de la turba en el 48; hoy, esa misma arquitectura que durante años olió a churros, aguardiente y orines, aloja con resignación las cajitas felices de McDonalds.

    Mientras grabo algunos videos y tomo fotos a diestra y siniestra, un hombre de unos 55 años aproximadamente me agarra del brazo cuando estaba tomando las fotos a la silleta de tipo antioqueño que se enclava en el sitio exacto del asesinato con la silueta de Gaitán. Atravieso la masa de mirones y cuando llego a él me susurra: “Hermanito: ¿Qué es lo que lleva en el bolsillo que esas viejas lo estaban raqueteando?”. Cuando vuelvo la mirada al sitio donde estaba, veo a las mujeres que hacía un minuto me hacían preguntas tontas sobre Gaitán. Eran tres y rodeaban a sus víctimas, una distraía y las otras ejercían el viejo y consumado arte del ‘cosquilleo’. Afortunadamente no me sacaron nada… ¡Colombia es pasión! ¿O no?

    Seguí en el sitio otros 20 minutos más y así tuve la oportunidad de ver a algunos estudiantes realizaron un performance en el que representaron a Gaitán y su Marcha del Silencio, ante la mirada desconcertada de los transeúntes. Ignoro si fue ese el tan mentado flashmob que se anunció horas antes del medio día de hoy, por parte de estudiantes, presuntamente las universidades Nacional y de Los Andes.

    Ya saliendo del lugar, luego de haber completado cerca de 40 minutos allí y con el afán propio de quien tiene que cumplir una cita en el norte y con la clarísima escasez de transporte por el cierre de la Séptima, veo a Edgardo Román, uno de esos actores de teatro que parecería que no fueron formados sino forjados en el más rudo de los fuegos.

    Inmediatamente recordé que cuando era niño, una de las miniseries que más me impresionó fue precisamente Gaitán, inmortalizada por Román. Grabada casi toda en estudio, Gaitán le recordó a los colombianos en los años ochenta cómo había muerto el caudillo a la 1:05 p.m. cuando se disponía con sus amigotes para ir a almorzar. Hoy, el deja-vu fue inevitable, y ver a Román caracterizando a Gaitán con el vestuario del personaje fue tan vibrante como la defensa que dicen que hizo Gaitán en los tribunales en ese, su último 9 de abril, a favor del Teniente Cortés.

    Por pura curiosidad, volveré a asistir a este lugar un 9 de abril; no sé si el próximo año o dentro de 60 para contar cómo viví los 60 años de la muerte de Gaitán.

    Videos:

    Fotos en Flickr.

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