La cultura de la mafia está echando raíces en la televisión colombiana. Desde hace unos tres años aproximadamente, todo el tiempo durante la franja triple A, los colombianos han estado expuestos a miniseries y novelas que le rinden culto a la superficie traqueta de nuestro país.

La Saga, La Viuda de la mafia, El Cartel de los sapos, El Capo, Sin tetas no hay paraíso, La novela basada en ‘Sin tetas no hay paraíso’, Inversiones El ABC y ahora Las Muñecas de la mafia, entre otras, han conquistado el cáliz sagrado del rating y juegan a lograr sacarle el máximo rédito a la moda mientras el subgénero se desgasta, porque lo hará en algún momento.

Desde lo que jocosamente Margarita Jácome llamó La sicaresca antioqueña para referirse a esa subcultura de la narrativa sicarial con valores basados en los pilares del dinero fácil y la hiperviolencia injustificada encomendada y agradecida a la Virgen, obras como Rodrigo D, Rosario Tijeras y en general toda la estética de Víctor Gaviria han servido de simiente para lo que hoy estamos viendo en la pantalla chica.

Los televidentes querían explorar con prudencia ascéptica y distancia cómoda, lo que no se atrevieron a denunciar como ciudadanos testigos y por ello apareció una demanda para este material que en algunas ocasiones ha logrado develar las dinámicas de las organizaciones criminales y en otras, se nota la especulación y las exageraciones propias de quien no conoce las intimidades de ricos y de pobres.

Con obras de ficción, el colombiano promedio siente que por fin está abordando con tranquilidad el tema del narcotráfico y se entrega durante una hora o más a relato aburridor y falso con lenguaje políticamente correcto para la televisión y profundamente saturado de ‘putazos’ en el cine colombiano. Parecería que los productores le dijeran a los libretistas de cine: “En el cine colombiano vamos a desquitarnos de todos los madrazos que quedaron en deuda en la televisión”. Y de paso, llenan el vacío que dejan las narraciones de los ex secuestrados que ya comienzan a agotarse en sus segundas ediciones y que en su momento alimentaron el cuarto de hora de las ‘sobras literarias‘.

Los horarios en los dos canales se trastocan y manosean con tal de atravesarle el palo en la rueda al canal de la competencia. Caracol, que lanzó Las muñecas de la Mafia, entró sin cuarteles a pasar la serie sin hacer cortes de comerciales en los primeros capítulos con el fin de capturar toda la atención, mientras que RCN con El Capo se dedica a retorcer con giros dramáticos casi inverosímiles el relato original para retener a los televidentes y a alargar los capítulos para buscar arrastre.

Hoy más que nunca, los dos sempiternos canales nacionales privados son igualitos: compiten sin color, compiten contra el espejo, al enfrentar reality show musical (Factor X) contra reality show de pruebas extremas (Desafío 2009); y enfrentando a El Capo contra Las Muñecas de la mafia. Y así se reparten los puntos del rating que promedian participaciones por encima de los 30 puntos de audiencia.

No es este un llamado ultraconservador a defender efusivamente la imagen de Colombia y blindarla de productos que “lesionan la integridad de la patria”. Ni más faltaba, es un simple registro de lo que hoy emboba y paraliza al país, mientras que los paramilitares siguen ganándose las recompensas de la desmovilización mientras arman nuevos ejércitos en otras zonas con los mismos desmovilizados, o mientras que los recursos para los campesinos pobres que deberían cerrar la brecha, a esta hora embuchan las billeteras de acaudaladas familias que entre hermanos, primos y cuñados testaferros se reparten el Erario e “irrigan” sus cuentas con los dineros del programa Agro Ingreso Seguro para proyectos “de riego”.

…Ah y se me olvidaba, mientras los noticieros no pierden el tiempo contando este tipo de cosas porque están ocupados entrevistando a los actores de las series, recordando escenas del capítulo anterior y pasando avances del capítulo siguiente…

Vendrán varias más hasta que el mismo televidente se hastíe y éstas que hoy se ven en Colombia, sean sencillamente los enlatados de Centroamérica y Miami.