Hoy se ha celebrado una de las ediciones más tristes del Día del Periodista en Colombia. Con todos los colegas que he hablado en estos días, y especialmente hoy, la sensación de incertidumbre es muy alta. Se transpira una agonía lenta en la que cada uno, a su manera, vive un luto por la profesión.

El golpe prácticamente mortal a la revista Cambio ha lastimado no solamente a su director Rodrigo Pardo y a su editora, María Elvira Samper, sino a todos los brillantes periodistas que trabajan en esa especie de selección Colombia del periodismo. Ayer, cuando Rodrigo y María Elvira salían de sus cubículos rumbo a la calle, todos los periodistas de la Casa Editorial El Tiempo se agolparon a lado y lado de las barandas de los dos pisos de la redacción integrada de todos los medios para entregar un aplauso cerrado y sentido. María Elvira, que es dura como las rocas, dejó escapar algunas lágrimas por la ovación, y no fue la única. Varios colegas se estremecieron y dejaron ver su lado más humano, el que tienen que esconder para hacer registros fríos de la realidad.

Claro que cada vez quiero pensar más en los argumentos que dio Luis Fernando Santos para justificar el nuevo esquema en donde las noticias de investigación salen del repertorio para darle más espacio al imperio dietético de las noticias ligeras. Sí, lo que más importa para un conglomerado mediático como el que lidera el Grupo Planeta es el dinero.

Eso parece justificarlo todo en una época en la que la empresa no es liderada por la generación de los respetables ‘viejos’, Hernando y Enrique Santos Castillo, que con todo y lo que quieran decir sus detractores de su gestión como orientadores de la opinión pública en décadas pasadas, tenían un corazón menos cercano a la billetera. No obstante, si eso de paso deja de incomodar al poder, pues mejor.

Como ya es tradición, casi todos los 9 de febrero, repito este Deja Vu con palabras que para mí siguen siendo vigentes: 2006, 2007 y 2008.

Quisiera gritar en un post el próximo año que las cosas han cambiado, que el periodismo es libre en Colombia y en otros países del mundo, que al profesional se le respeta en los medios, que los periodistas no se dejan untar por la corrupción…

Quisiera decir tantas cosas favorables que hoy no me puedo dar el lujo de escribir. Este post seguirá, a pesar de que no me guste, teniendo un tono lastimero, pero deseando que se dé la utopía del periodismo libre; hasta tanto eso no ocurra tendré que seguir denunciando cómo el periodismo es manoseado por unos y por otros.

Si bien ya no ejerzo el periodismo en los medios, siento que aún transpiran en mí los vestigios de la curiosidad. Un abrazo grande a todos los colegas que valerosamente ejercen su oficio, que desafían la institucionalidad, que desconfían de los comunicados de prensa oficiales, que no se quedan con una sola fuente y que son escépticos aún de las fuentes tradicionalmente más confiables.