Como pocas veces se ha visto, los candidatos a las distintas corporaciones y los que aspiran a sucederlo en el primer cargo del país han dependido en extremo de la imagen del presidente Uribe.

Casi todas las campañas electorales que en el espectro van del centro a la derecha presumen que su afinidad con las políticas y el legado de Uribe son su garantía para alcanzar los votos necesarios para ser elegidos. “La seguridad democrática” se esgrime como un argumento muy poderoso para alcanzar los esquivos votos de una población que es culturalmente abstencionista.

Las campañas de Martha Lucía Ramírez, Germán Vargas Lleras, Juan Manuel Santos y por supuesto la de Andrés Felipe Arias le apuntan claramente a declararse herederos legítimos del ascenso directo al trono. Todos ellos reclaman su cuota en la construcción de la política de Seguridad Democrática y aseguran ser los garantes de la continuidad de ese proyecto político.

Entre tanto, Sergio Fajardo ha pretendido no contaminarse por la polarización entre uribistas y no uribistas y se presenta como un candidato inocuo al que le resbalan decisiones como las de la Corte Constitucional sobre el Referendo Reeleccionista.

Pero son los aspirantes a la Cámara y al Senado los que más han intentado arañar el ‘legado uribista’. Casi todas las cuñas radiales de aspirantes del Partido de la U tienen un testimonio de al menos 10 segundos en los que Uribe menciona al candidato y el atribuye una característica épica de honestidad y transparencia.

Si bien la comunicación política casi siempre ha acudido al respaldo de un barón electoral que avala las aspiraciones de un candidato, en estas, como en las de 2006 han pululado las dependencias de una figura mesiánica como la de Uribe.

Preocupa como hemos mencionado en otros momentos de proselitismo que la comunicación sea vacía y únicamente cosmética. Así como se depende demasiado de Uribe, otra campaña radial de una candidata de apellido Castro (no omito el nombre por pudor, sino por falta de memoria) vertía todo su argumento en que es “de Bogotá” y que “es joven”… Sobre esa base, podríamos votar no solo por ella sino por lo menos por dos millones de habitantes que cumplen con esa condición. Qué pobreza de discurso.

Otra candidata, María Fernanda Valencia, promete desudarse en SoHo si resulta elegida… Hasta bonita es, pero de aquí a que se gane mi voto por esa promesa, hay mucho trecho. Apuesto a que SoHo ya tomó las fotos y las tiene bajo embargo hasta la definición de los resultados.

A esto hay que sumarle que ahora todos los jingles son rockeros, suenan modernísimos; no importa si los candidatos van por su sexto o séptimo período en el Congreso o si son perfectos desconocidos; no importan si defienden la eutanasia o satanizan los condones… Todos son “modernos” y sus cuñas de radio suenan igual, solo cambia el número en los tarjetones.

Finalmente, al hablar con las personas en los barrios, me cuentan que los políticos siguen prometiendo las misas cosas de siempre con la manida y coloquial fórmula CCB (Casa-carro-beca). Pero vale la pena hacer una reflexión: A las personas si las atraen, si caen (porque a veces les cumplen) con promesas que satisfacen las necesidades individuales: Becas para sus hijos en las universidades públicas y lotes para construir ranchos sin servicios públicos. Rara vez, las promesas apuntan a la satisfacción de necesidades colectivas, sobre el espacio público, la construcción de complejos hospitalarios, la construcción de escuelas…

En otras palabras, las campañas manzanillistas se sostienen porque tienen sus públicos cautivos, atrapados entre la desesperanza y la falta de oportunidades. Si bien criticamos a los que se dejan comprar por un tamal o un plato de lechona, hay que tener en cuenta que realmente pocas veces en la mañana, cuando se van a trabajar, pueden asegurar un plato de comida en la noche. Mientras las desigualdades sigan siendo tan rampantes, habrá políticos deshonestos que se aprovecharán de estas situaciones para capturar los votos. Sin mencionar un catálogo amplio de delitos electorales.

Asistimos así, a campañas vacías, sin discursos reales (con pocas y honrosas excepciones) en las que el maquillaje se impone a las trayectorias; en las que las fotos de estudio le ganan terreno a los proyectos políticos y en las que los eslóganes le ganan el pulso a las ideas.

Este domingo 14 de marzo vote por quien quiera, pero vote con conciencia; ingrese a los sitios web de los aspirantes y busque sus programas de gobierno o proyectos de ley.