Esta mañana, el país se sorprendió con una noticia: Antanas Mockus, el candidato a la Presidencia de la República por el Partido Verde, confesó que padece los inicios de la Enfermedad de Parkinson. La confesión en sí no debería alarmar a nadie, pero Colombia cayó en la tentación de esculcar en la intimidad del político.

La noticia se dio en una entrevista que le hizo Darío Arizmendi, acompañado de otros periodistas de su mesa de trabajo en Caracol Radio. Luego de unas preguntas obligadas sobre el rápido ascenso de Mockus en las últimas encuestas que en menos de una semana lo ubicaron en el segundo lugar de las preferencias, Arizmendi lanzó la pregunta que, según él, se estaba haciendo todo el país: “¿Por qué le tiemblan tanto las manos?”.

Mockus, con una elocuencia de la que es poco frecuente verle, respondió con tranquilidad que había consultados con sus médicos y éstos le habían pronosticado buena salud y control; Arizmendi ripostó y preguntó por el dictamen preciso de los galenos. Mockus, incómodo pero cortés, reconoció que tenía los inicios de la Enfermedad de Parkinson y aseguró que no se tenía nada que temer ya que esto no afectaría sus facultades mentales, sus capacidad creativa ni nada por el estilo.

El puntillazo a la nuca lo dio en dos oportunidades la pregunta de la revelación de la radio colombiana Gustavo Gómez Córdoba que le preguntó si había tenido episodios de depresión… En esta oportunidad, la grabación deja ver un evidente desplome en la actitud de Mockus que pasó de la animosidad y el optimismo a la frustración y –añado– ahora sí a una depresión al constatar que su intimidad, y su historia clínica tenía que ser auscultada por un pretendido periodismo investigativo.

Sinceramente me sentí muy triste, no tanto por la salud del candidato porque sé que Mockus es fuerte, gallardo, honesto y porque con medicación podrá atenuar los efectos de su padecimiento; me sentí triste al ver que tengo colegas en la radio que atentan contra la dignidad de los candidatos, que buscan los presuntos talones de Aquiles en la necesidad de menoscabar a las personas y no a los hechos.

Habrá quienes defiendan el episodio como una natural sesión de preguntas y respuestas en el ejercicio libre del periodismo y de asegurar que la pregunta es válida porque se trata de un personaje público y, aún más, de que de su salud depende la estabilidad del Estado colombiano en un eventual gobierno del ex alcalde de Bogotá.

Sin embargo, vale la pena recordarle al afamado decano del periodismo radial colombiano, que la dignidad de las personas no debe ser mancillada y menos sin que el personaje haya cometido delito alguno.

Para mí es claro que Arizmendi presuntamente tenía información previa que iba más allá de lo periodístico y pudo haber servido a los intereses de alguna de las otras fuerzas políticas. Si sabía de la enfermedad y tenía ‘miedo’ de que una eventual administración de Mockus pudiera verse afectada, habría podido consultar con cualquier experto que le habría confirmado que en una fase inicial es controlable y que en la mayoría de los casos no afecta capacidades diferentes a las de la motricidad muy fina, casi una torpeza como la que podemos tener todos al intentar enhebrar el ojo de una aguja.

Esperemos que ese burdo intento no llegue a las mentes frágiles que se dejen manipular y quienes ya habían decidido votar por el candidato del Partido Verde no cambien de opinión por falta de información.

A estas alturas del momento electoral es conveniente que las críticas a los candidatos sean formuladas con altura. No llego a las consideraciones ‘higiénicas’ de algunos que satanizan a quienes esculcan en el pasado de los candidatos. Por el contrario, la pulcritud en las campañas no debería reñir con el ojo crítico hacia el presente y el futuro de los candidatos. Así mismo, es importante poner el retrovisor para poner en escena el pasado y confrontarlo con potenciales situaciones retadoras.

En el pasado hay que hacer minería de datos, relacionar hechos con momentos y evaluar los contextos en que se dieron.