Bienvenido el regreso de la ‘crónica’ en televisión

En las últimas noches, los televidentes hemos asistido en Caracol Noticias a una serie de reportajes que realizan los reporteros de este noticiero en la edición de las 7 de la noche.

Algunas de ellas no son propiamente crónicas, sino reportajes que han logrado desbordar el registro cotidiano, frío y superficial de las notas que muchas veces no alcanzan los dos minutos de duración.

Estos reportajes se iniciaron con una entrada al manido mundo de ‘las comunas’ en Medellín y han seguido con otras historias que revisten interés como la distribución de la gasolina venezolana en la La Guajira, el contrabando en Nariño o el Machín, el volcán dormido.

Con estas series, Caracol hace una apuesta a la fórmula del periodismo investigativo dentro del espacio del noticiero y no como un reportaje aislado. Lo que me gusta de este experimento es que están cultivando una audiencia que podría dar réditos en el rating a quienes, como los gerentes de los canales, buscan afanosamente.

En los años ochenta, la audiencia estaba a acostumbrada a que se le dieran espacios periodísticos luego del noticiero. Generaciones enteras crecimos con los viajes de Consuelo Cepeda por la Colombia que ahora parece que nos gusta ignorar; Germán Castro Caicedo se convirtió en paradigma del periodismo investigativo y de las crónicas en primera persona; César Simmonds Pardo y Fernando González Pacheco nos enseñaron lo que es una buena entrevista o una charla que desnuda con permiso y respeto a su interlocutor.

Los canales nacionales privados acostumbraron a una audiencia pasiva a consumir y a ‘disfrutar’ de contenidos ligeros, de falsas realidades y telenovelas ‘desgeneradas’ que naufragan en los acentos impostados y en la necesidad de llegar con “acento neutro” (mexicano) a las audiencias de Miami y América Latina, con guiones desangelados y baladíes.

Si a las crónicas les va bien en las mediciones de audiencia habría esperanzas de ver más de ese género dentro del noticiero y en espacios especialmente diseñados para ellas.

Para ello, por supuesto, se necesita que las crónicas o los reportajes sean realizados con mucha rigurosidad, con narrativas frescas, temas pertinentes, investigaciones audaces y novedosas y con los recursos suficientes para no quedarse en los lugares comunes.

Ojalá esas crónicas revelen el país que por comodidad desconocemos o que por moda no abordamos. El país necesita ser contado y recontado ya que el periodismo es el relato histórico de la cotidianidad y muchas veces, la única historia consumida.

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