“El hombre más peligroso”

En 1971, Daniel Ellsberg, un funcionario de nivel medio que era analista de información para la Corporación RAND, estremeció al mundo cuando filtró a The New York Times un informe que daba cuenta de cómo sistemáticamente, cinco presidentes había nestado mintiéndole al pueblo de Estados Unidos sobre la posición de ese país ante las guerras.

Desde Truman hasta Nixon, todos tenían en el discurso la intención de terminar la guerra, pero en realidad ninguno de ellos daba un paso atrás para no quedar como el presidente que sería vencido por el Comunismo. Pero sin duda, Richard Nixon acapara todos los enconos posibles. Las grabaciones de audio y los documentos delataron su sevicia para llevar una guerra contra todo pronóstico viable.

Ellsberg –a sabiendas de lo que implicaría dejar una vida sumamente tranquila, en la que por las mañanas se daba un baño en la playa de Malibú donde vivía con su esposa y sus dos hijas, con una carrera brillante por delante en la espiral de la burocracia– tomó la decisión de poner en riesgo su mundo privilegiado para que la conciencia, su conciencia, tuviera un pedestal: La paz.

Ellsberg entendió en ese momento que si revelaba el contenido del informe McNamara donde se relataban los horrores en la conducción y en el día a día de la guerra podría llegarse a decisiones radicales que cambiaran el curso de la historia, entre ellas, acabar con la guerra. El riesgo no era poco. Ellsberg podría enfrentarse a delitos como traición a la patria, espionaje, conspiración y otros.

Aún así, Ellsberg llevó durante meses los 47 tomos en pequeñas porciones a su casa y fotocopiaba una a una las más de 7.000 páginas. El miedo era constante y hasta involucró a sus hijos como ayudantes en la extenuante y dispendiosa tarea.

Convencido de que lo que tenía era muy grande, acudió a los congresistas que estaban en la oposición, con la idea de que estos harían un debate público al gobierno. Sin embargo, nada hicieron con los documentos para preservar su imagen de padres de la patria que no molestarían a la Nación con esas confidencias. Fue cuando finalmente contactó a Neil Sheehan, periodista de The New York Times, diario que tuvo un fuerte debate interno sobre la publicación o no del material hasta por fin se decidió.

El mundo se enteró y se desenmascaró una política criminal de los gobiernos estadounidenses. El mítico asesor Henry Kissinger y el mismo Nixon se encargaron de hacer una cacería de brujas para acabar con Ellsberg, al punto de que asaltaron el consultorio del psiquiatra de Ellsberg con el fin de iniciar una operación de descrédito en su contra.

Para acortar la historia, el debate político fue tomando fuerza y se hizo insostenible para Nixon, quien nunca desmintió los informes, sino que se dedicó a atacar la forma de obtener la información… Al final, estas fugas de información fueron la semilla del famoso escándalo de Watergate por el que Nixon renunció el 8 de agosto de 1974. Ellsberg, que había sido enjuiciado a 115 años por delitos de espionaje y conspiración fue dejado en libertad.

La historia de Ellsberg viene a colación en este blogcito en momentos en que el mundo se pregunta por lo que ocurre con Wikileaks. Assange y todo su equipo convulsionó al mundo el 28 de noviembre cuando filtró por tercera vez, comprometedores documentos sobre la forma de operar del gobierno de Estados Unidos. Ya en julio había filtrado documentos sobre la guerra en Afganistán y el 22 octubre, los llamados ‘Registros de la Guerra de Iraq’.

Según leí en otra wiki famosa, la Wikipedia, los primeros 291 de los 251.287 documentos obtenidos por WikiLeaks fueron difundidos el 28 de noviembre desde el servidor de la organización. Del total de documentos, 133.887 estaban sin clasificar, 101.748 estaban clasificados como “confidenciales” y 15.652 como “secretos” en la escala de clasificación.

Casi 40 años despúés, se me antoja que Wikileaks rememora la audacia de Ellsberg al buscar revelar información clave que da cuenta de esas operaciones. Y curiosamente, el gobierno busca acallar a Julian Assange, el creador de Wikileaks, con uan campaña de desprestigio relativamente similar a la que le estaban montando a Ellsberg: A Assange lo buscan por presuntos delitos sexuales mientras que a Ellsberg por demencia… Si Assange es culpable de esos delitos tendrá que pagar, pero qué curioso que solo importe ahora que revela estos documentos.

¿Es Wikileaks un nuevo periodismo?

Me lo han preguntado un par de veces y he guardado un ignorante silencio. La verdad todavía no tengo la respuesta. Por una parte me parece que el acceso a fuentes documentales es una de las tareas del periodismo, pero no necesariamente esa sola tarea configura el ‘todo’ del periodismo.

Bajo ese supuesto del ‘acceso’ a la información, la secretaria de redacción de un editor podría considerarse a sí misma como una reportera cuando recibe la orden y la ejectura de contactar a una fuente, concertar una cita o al momento de desgrabar una entrevista. Creo que el trabajo de Assange y su equipo tiene un valor: Delata la hipocresía. Lo que los diplomáticos y sobre todo, los otros interlocutores en cada país, dicen una cosa por encima de la mesa y otra muy distinta por debajo.

Hoy Wikileaks tiene el desafío de mostrar que sí puede haber un nuevo género del periodismo que pase del registro llano a la interpretación. Actualmente esa función la desempeñan los propios medios que sirven de caja de resonancia a los fragmentos que se van encontrando en los famosos cables. De no hacerlo –y es muy posible que así sea– Wikileaks solo podrá verse como un repositorio de documentos clasificados. Y no como el único, sino como el primero de una serie de detonaciones que van a seguir prosperando por un acceso de ciudadanos más calificados y con conocimiento legal de su derecho a la información.

Hoy Assange está llamado a ser, como dijo Kissinger de Ellsberg, “el hombre más peligroso”.

Preguntas al aire: ¿Cómo leer hoy en día lo que los cronistas españoles relataban en sus crónicas de indias que leerían los Reyes católicos, que eran observaciones no solo del entorno, sino de los hábitos y costumbres de los indios en este “territorio de salvajes impíos”? ¿Cómo hacerlo si de alguna manera lo que los embajadores relatan en sus cables es lo que vieron de su paso por estas tierras plagadas de incipientes socialismos, gobernantes conquistados y narcotráficantes enquistados?

PDTA: Con el título (The Most Dangerous Man in America: Daniel Ellsberg and the Pentagon Papers, que en televisión en español se distribuyó como ‘El hombre más peligroso de América’), Judith Ehrlich y Rick Goldsmith estrenaron el año pasado un documental que ilustra muy bien esta historia.

2 thoughts on ““El hombre más peligroso”

  1. Se trata de un ejercicio valido y sugestivo. Al lado de los datos históricos y la relación interesante de los casos, la pregunta sobre Wikileaks y “un nuevo periodismo” deja un gran interrogante. ¿Qué ocurre con el oficio entonces? ¿Cuáles será las dinámicas que surgen ahora? ¿Más que informativos necesitaremos analistas de la información? ¿ Cuál es el papel de los grandes medios ahora? ¿Cuál el papel de los medios alternativos? .

    Preguntas que van quedando. Debate que se hace urgente.

    @darwingonzalezs

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