EL TIEMPO cumple 100 años

Y llegó a 100 años. El Tiempo, el medio de comunicación más influyente del país, llegó a esta edad ostentando aún esa denominación. El medio fundado por Alfonso Villegas y que luego recibió dinero que trajo el padre de Fernando González-Pacheco Castro de la guerra civil española ha logrado dejar una profunda huella en el país. Para muchos, El Tiempo representa el statu quo, el anquilosamiento y la complicidad con el Gobierno.

Si en sus inicios fue un diario de rancio proselitismo liberal por inducción del propietario y luego presidente Eduardo Santos, con los años fue atemperando su condición para acomodarse a la postura de turno. Un diario como El Tiempo en los ochenta apoyó abiertamente a un gobierno conservador como el de Belisario Betancur o en los noventa a Andrés Pastrana.

Pero esa posición claramente gobiernista no tapa que resistió los embates de la hegemonía conservadora en la primera parte del siglo XX, o de la censura que le impuso el gobierno conservador de Mariano Ospina a mediados de la centuria. Y ni hablar de la dictadura del general Gustavo Rojas Pinilla que llevó a la clausura de El Tiempo y la apertura de un diario que fuera impermeable a la represión: Intermedio.

La dirección valiente del periódico por periodistas de raza como Enrique Santos Montejo ‘Calibán’ y Roberto García-Peña hicieron del periodismo un acto heroico en medio del desespero de los regímenes por silenciar la voz de la democracia, que es, por antonomasia, la voz de los medios.

La generación posterior, la de los Santos Castillo (Hernando y Enrique) llevó con tenacidad el periódico y fortaleció al medio como el corazón de la vida política del país. Don Hernando amó el poder, pero no para ejercerlo en papeles protagónicos, sino para aconsejar a los protagonistas. Don Hernando el habló al oído a todos los poderosos y eso incluía a los presidentes que no en pocas veces le consultaron decisiones de Estado.

Siguieron años de crecimiento empresarial en los que el periódico alcanzó récords de ventas y encontró su vocación de mina de oro. Tanto que dio hasta para el despilfarro en los primeros años de CityTV o las inversiones en operaciones que no fueron su núcleo de negocios como los restaurantes, las tiendas de música o las telecomunicaciones con participaciones en empresas como Avantel. Desde luego también se consolidó no solo como grupo editorial, sino como grupo económico con poder político y social.

En 2001 comenzó para mí la que es la penúltima de sus épocas grises. Y se dio cuando su histórico competidor, El Espectador, dejó de ser diario para convertirse en semanario. A ojos de ingenuos, la ‘desaparición’ de la competencia es un triunfo de la solvencia económica y del buen trabajo, pero en realidad la ausencia del diario de los Cano se convirtió en la trampa del quehacer periodístico. El oficio diario se afectó al no sentir amenaza, al quitarse el pesado piano de anticipación lograda por el otro; en otras palabras, El Tiempo se fue durmiendo al no sentir que alguien pudiese ‘chiviarlo’. Afortunadamente, El Espectador volvió el 11 de mayo de 2008.

Un buen medio de comunicación no solo depende de su agenda informativa, sino de verse en el espejo y saber si sale con lo pertinenete o con lo que dijo o dejó de decir su rival de patio. A El Tiempo le faltó que otro par le respirara en la nuca y eso se tradujo en un desmejoramiento de su calidad informativa.

En la última década, El Tiempo tuvo que enfrentar su última ‘era gris’ al tener que sortear los efectos de la puerta giratoria. Juan Lozano, accionista y asesor de la Dirección del diario, fue nombrado ministro de Medio Ambiente; Francisco Santos Calderón, quien fuera su Jefe de Redacción por muchos años, dio el salto a la política y se embarcó como la fórmula vicepresidencial del gobierno de Álvaro Uribe Vélez, y Juan Manuel Santos, que había sido su subdirector hasta 1991, fue el exitoso ministro de Defensa que propinó algunos de los más fuertes golpes de un gobierno a la guerrilla. Ese protagonismo lo capitalizó con astucia para convertirse en el actual presidente de los colombianos.

Esa puerta giratoria le ha hecho un daño enorme a la credibilidad del medio por cuanto los lectores no creen en la independencia de la casa para poder criticar al gobierno y si no es tan severa por su tradición gobiernista, menos lo sería si es arte y parte. En los últimos años, El Tiempo ha recibido críticas implacables por su presunto silencio ante las falencias y la corrupción del gobierno Uribe. Para completar, en efecto la era Uribe estuvo colmada de escándalos, especialmente en el segundo de los períodos.

A pesar de que los periodistas han hecho todo lo posible por demostrar lo contrario, la gota que rebosó la copa fue el cierre de la Revista Cambio (comprada por Casa Editorial El Tiempo) en el menos oportuno de los momentos. La casa editorial aún sostiene oficialmente que se debió a razones económicas, pero para muchos fue una retaliación a las rigurosas investigaciones que la revista había realizado y que habían delatado corruptos manejos gubernamentales como el de Agro Ingreso Seguro que concedió suculentos subsidios a ricos hacendados y políticos en lugar de distribuirlos con equidad a los campesinos menos favorecidos.

Hoy, El Tiempo, de cara a los próximos 100 años, tiene muchos desafíos por delante como repensar su concepto de convergencia multimedial para evitar que sus periodistas se conviertan en robots maquiladores de noticias para cada plataforma. Si bien los profesionales hoy tienen que prepararse para generar notas, a mi juicio es más importante para que lo hagan con criterio de servicio, pertinencia, contexto y análisis.

De igual forma, El Tiempo y otros medios deben convencerse de que su negocio no es imprimir papel, sino generar esa información de valor. Los consumidores de medios migran de una plataforma a otra dependiendo de variables como la circunstancia, la cantidad, el tema y el momento.

Otro desafío será para la muy seguida licitación por el tercer canal de televisión en la que la Casa Editorial El Tiempo tiene intereses, ahora que Juan Manuel Santos es Presidente ¿Qué ocurrirá? ¿Qué tipo de inhabilidades aparecerán? ¿Qué pasará si la licitación la gana la casa paterna del Presidente?

Y, finalmente, el más grande desafío será recuperar la confianza de una generación que perdió las esperanzas al sentir que el concubinato entre información y poder minó para siempre el temple del medio. Un imperativo si quiere seguir siendo el medio con mayor influencia.

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PDTA: Para mí fue un honor trabajar en El Tiempo a finales de los años noventa, conocí y aprendí de grandes periodistas que sin los reflectores de la fama y la visibilidad hacían periodismo notable en lugar de periodismo notorio. Gracias a los maestros silentes que me dejaron escribir un par de renglones en esos 100 años.

3 thoughts on “EL TIEMPO cumple 100 años

  1. Importante reflexión la que nos comparte, especialmente porque se sale de la simple felicitación para hacer un análisis de lo que fue y es El Tiempo.

    Aunque sigue siendo el diario más influyente, creo que ha perdido mucho de eso. Parece se invirtió aquello de “le habla al oído a los poderosos” y la credibilidad que tenía de la opinión pública ha disminuido.

    No es fácil dirigir o ser parte de un medio de comunicación que tiene interés políticos en sus instalaciones, sin embargo, eso no debe nublar el objetivo para el cual fue fundado.

    Cabe destacar lo bien que se están acoplando a los nuevos tiempos y nuevas tecnologías. El equipo online está haciendo importantes avances y se está convirtiendo un referente.

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