Algunos consejos para el Concejo de Bogotá

[COLUMNA PUBLICADA EL 4 DE NOVIEMBRE DE 2011 EN PUBLIMETRO BOGOTÁ. ESTA ES LA VERSIÓN SIN EDITAR, UN POCO MÁS EXTENSA A LA QUE APARECIÓ EN EL IMPRESO]

El 30 de octubre se selló un pacto tácito, pero no secreto en Bogotá. Los que participaron se aliaron con un pasado oscuro, turbio. El acuerdo no se dio en la penumbra, en un callejón; se dio a plena luz del sol y delante de todos. Con la participación de más de 135.000 cómplices.

El pacto al que me refiero lo celebró una parte de la ciudadanía que le hipotecó su confianza a algunos políticos que ya se habían robado, por lo menos algo: Nuestra confianza. El domingo, once de 17 concejales que son investigados por su presunta participación en el llamado ‘Carrusel de la contratación’ de las obras públicas en Bogotá fueron reelegidos por más de 135.000 electores. Con esta decisión, Bogotá le mandó un mensaje tristemente contundente al futuro. La botella que echamos al mar contenía un mensaje desesperanzador: No nos importa que nuestros cabildantes estén manchados, al menos con la sospecha.

Pensé que Bogotá, muy pocos días después de que se revelara la lista de concejales llamados a indagatoria por la Fiscalía, castigaría con coraje a quienes presuntamente han tenido alguna vinculación con uno de los descalabros más grandes en la historia de la capital. Las obras que hoy son heridas abiertas en las principales vías y las pocas que han concluido y serpentean la ciudad como cicatrices imperfectas son el espejo de un maltrato inédito a esta ciudad. Nunca antes la Capital había estado en semejante caos de movilidad y nunca, además de los costos invisibles, nos había costado tanto en el erario.

La administración de Samuel Moreno, una de las más perversa gracias al concubinato administrativo con su hermano Iván y otros funcionarios corruptos, dejaron a Bogotá endeudada y con sobrecostos estimados en billones de pesos. Hoy, la justicia tiene el desafío de tener hallazgos esclarecedores sobre los grados de participación e involucramiento de los concejales. Pero ese es el compromiso del aparato judicial, en el plano legal.

En el plano de la legitimidad, Severo Correa, Andrés Camacho, Orlando Parada y Javier Palacio (del Partido de la U); Julio César Acosta y Fernando López (Cambio Radical); Jorge Durán Silva y Jorge Ernesto Salamanca (Partido Liberal); Antonio Sanguino y Juan José Rodríguez (Partido Verde); y Ómar Mejía (Partido Conservador) tendrán que hacer mucho para convencernos al resto de los ciudadanos que no les regalamos o vendimos el voto, de que merecen estar ahí. No nos debería bastar con que cumplan, sino que deberían ser excelentes cabildantes para borrar cualquier manto de duda, además por supuesto de ser absueltos por la justicia como pre requisito.

No obstante, sí preocupa mucho que hayan logrado la curul y de ahí la frustración del mensaje que les dimos como sociedad al perdonarles la sospecha en las urnas. Fueron más de 135.000 residentes los que les dijeron que no había problema con todo este escándalo. No creo que sea un mensaje humanitario de solidaridad, de tolerancia y perdón; es un mensaje de votos comprometidos, vendidos. En el mejor de los casos, el más optimista, fueron votos desinformados.

Ahora bien, independiente del llamado a indagatoria, ¿Cómo es posible que sea reelegido un concejal como Javier Palacio, que según el programa ‘Concejo cómo vamos’ (en artículo de Terra.com), tiene una permanencia en las sesiones del 34 por ciento? ¿Para eso los reelegimos? ¿Para que cobren su sueldo y ni siquiera asistan a casi siete de cada diez sesiones? Y para no dañarles el desayuno a mis lectores, no les había mencionado a Juan José Rodríguez, cuya asistencia, según la misma fuente, fue de solo el 12 por ciento…

Con otra asistencia bajísima (32%), Julio César Acosta fue reelegido pese a que Carlos Fernando Galán –ex candidato a la Alcaldía por Cambio Radical y jefe de su colectividad– le retiró el aval por presuntas irregularidades y pese a eso, lo tendremos otro período gracias a 9.380 personas que ‘depositaron su confianza’… Quién sabe si después de otro depósito…

¿Qué necesita el elector bogotano para que no refrende su confianza en quienes vulneraron la nuestra? ¿Qué esperamos como ciudadanos para poner un freno a las irregularidades? ¿A qué futuro le apostamos si el presente lo endosamos como cheque en blanco a quienes posiblemente tienen intereses en otros cheques?

Mientras los bogotanos en pleno sigamos por acción u omisión hipotecando el futuro colectivo sobre la base de quién sabe qué beneficios en el presente para algunos, no tendremos horizonte claro.

Ahora nos corresponde a todos una serie de compromisos. Al alcalde electo Gustavo Petro le asiste la obligación de demostrar que podrá gobernar con equidad no solo para sus electores, sino para todos los residentes de una ciudad que cobija a todos los que llegamos, pero que le duele muchos menos. En cuestiones de imagen, Petro ha logrado gracias a las denuncias contra la administración de Moreno, desmarcarse parcialmente de haber sido uno de los mayores promotores para que Moreno llegara a la Alcaldía hace cuatro años.

Al Concejo el sugiero que de verdad le meta el acelerador unas sesiones que no son tan productivas y que se han inundado de parálisis en lugar de análisis. La nueva configuración política repartió las fuerzas casi que de manera igualitaria por lo que el Concejo tiene que pensar más en la ciudad que en el juego de poderes como trampolín para llegar a otros escalones. Le corresponde a esta corporación promover las buenas iniciativas del Alcalde, y hacer el contrapeso suficiente a aquellas que nos muevan hacia nuevos elefantes blancos

Y, finalmente, a los ciudadanos nos corresponde la vigilancia al centímetro de lo que hacen esos otros dos poderes. Una ciudadanía informada, crítica, argumental es capaz de ser un tercer poder real, el poder de poder hacer.

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