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A propósito de una columna de Fernando Alonso Ramírez, un muy respetado colega de La Patria (Manizales), a quien admiro profundamente por sus valerosas denuncias, y su trabajo serio y comprometido con la verdad y el desarrollo regional, me picaron las ganas de responderle más allá de un par de tweets.

En su columna –palabras más, palabras menos– Fernando se queja, y con toda la razón, de aquellos “personajes” que desde “el lado oscuro de la fuerza” (una metáfora muy usada para hablar del campo de las relaciones públicas en ‘oposición’ al periodismo desde los medios) dificultan el trabajo de los periodistas al insertar una mediación que más que mediar, obstaculiza el acceso del periodista a la fuente.

La verdad sea dicha, eso ocurre y muy frecuentemente. Fernando tiene toda la razón al decirlo/denunciarlo porque es una verdad de a puño. Hay quienes sienten que desde una jefatura de prensa, la principal tarea es escudar al jefe contra viento y marea sin  prestar atención a la función social que debe ejercer desde el medio, cada periodista.

También menciona el querido Fernando que es difícil creer que los relacionistas públicos hacen periodismo cuando pretenden “hacernos creer que las mineras piensan mas en el país que en sus intereses, que el político al que le rinden cuentas pone por encima de sus votos a la ciudad, entre otras desviaciones. Si fueran periodistas dirían la verdad sin cedazo ni edulcorante.”. Contundencia con la que coincido plenamente.

Señala a su vez que ya los mediadores no son simples “jefes de prensa”, sino que ahora emergen cargos como “estrategas de comunicaciones” o “asesores de imagen”, entre otras ‘extrañas derivaciones’. Es cierto. Eso también ha venido ocurriendo…

Finalmente, dentro de las cosas que destaco de la columna, Fernando nos dice a sus lectores que los relacionistas inventan todo tipo de nombres para eufemísticamente llamar a las tradicionales ‘ruedas de prensa’. Nos recuerda algunos como “tertulias periodísticas”, “encuentros de prensa”, “conversatorios”…

Así las cosas, estoy prácticamente en total acuerdo con lo que Fernando describe desde su óptica. Fernando es honesto al relatar lo  que le ha tocado y con hacerlo desde la orilla en la que trabaja, lo cual le proporciona un cristal legítimo para mirar la realidad.

Por supuesto, como todo cristal, por transparente que sea, como en el caso de Fernando, ofrece la oportunidad de mirar desde una perspectiva y así, experimentar la refracción.

En física, la refracción es el cambio de dirección que experimenta una onda al pasar de un medio material a otro. Pero para no complicar más la metáfora, aclarémoslo con un ejemplo de cuando estábamos en Primaria: Cuando se sumerge un lápiz en un vaso lleno agua, lo que creemos ver que el lápiz parece quebrado. Sabemos bien que no es así, que el lápiz no se quiebra en el instante que lo metemos al agua.

Por eso lo que creo que es que Fernando tiene razón, pero como toda generalización, es nociva. Mi colega ha experimentado el lado oscuro de la lado oscuro. Existen esos personajes que por mandato del jefe o por iniciativa propia juegan a dificultar el trabajo del periodista que va por la verdad hasta la fuente. Pero también es cierto que existen los que a diario sea la juegan para hacerle entender a su jefe o a su cliente que el periodista necesita la información con pertinencia, agilidad y veracidad.

Sobre si deben o no llamarse “jefes de prensa”, no es que me tenga sin cuidado es que simplemente también han nacido nuevas necesidades. El Jefe de Prensa se dedica principalmente a las relaciones con los medios; el “estratega de comunicación” cubre con una sombrilla más grande. El gran problema reside cuando la calidad y la experiencia del jefe de prensa o del estratega es tan limitada que no entiende las lógicas del periodismo y no facilitan la tarea del profesional. El asesor de imagen también existe, pero me parece menos precisa. Y lo es tanto que muchos peluqueros se autoproclaman de esa forma…

A las ruedas de prensa hay que seguir llamándolas así. Otros nombres para el mismo tipo de actividad no me parecen congruentes. Lo que si ocurre es que hay otras actividades que son alternativas y que buscan entregar información, conocimiento o hasta pistas de manera distinta. Así que se equivocan los relacionistas que usen términos distintos para hacer solo una misma cosa.

Entre tanto, en el periodismo desde los medios, así como existen los valientes, a los que llamo PERIODISTAS, también coexisten sin recato los que con un carnet se hacen pasar por profesionales de este hermoso oficio. He conocido en la capital y en la provincia todo tipo de aversiones como el que se hace invitar a todos los desayunos, almuerzos y cenas solo para vivir en un coctel eterno; al que en una emisora pide al otro que trabaja en la ‘competencia’ que le pase los audios de la entrevista y ésta se reproduce sin pudor en cada estación sin que se justifique por ser una noticia de gran valor periodístico; al que cobra por publicar… En fin, en todas partes se ‘cuecen habas’. Pero mal haría yo en señalar que estas prácticas dan una imagen total y diáfana de todos mis colegas periodistas.

Al mis colegas relacionistas públicos les diría que se debe hacer una pausa cada tanto tiempo y revisar lo que hace, a quién asesoran; si asesoran o solo patinan comunicados de prensa y llaman a confirmar asistencia a eventos; si conviene para su crecimiento como persona atender a clientes que realizan actividades económicas que son cuestionables por su impacto en la sociedad.

Sé que cuestionar el trabajo cuando de ello depende el desayuno del día siguiente no es fácil, pero a veces es imperioso hacerse la pregunta. Un buen profesional de las relaciones públicas con tu reputación intacta es un talento perseguido por las organizaciones y no tendrá dificultades en conseguir empleo.

Los malos ejecutores en el campo de las relaciones públicas y en el del periodismo en los medios se hacen cada vez más evidentes; por su parte, los buenos, los que son profesionales en su disciplina, brillan con luz propia y facilitan el trabajo del otro. Y son más buenos aún, aquellos que saben que esa luz se refracta y que el lápiz no se quiebra.

Preguntas al aire: Si usted es periodista ¿Qué buenas o malas experiencias ha tenido con relacionistas públicos? ¿Qué tanto le han facilitado o dificultado su trabajo como reportero? ¿Conoce casos de periodistas que faltan a su ética y se prestan a las dádivas de las fuentes?