Internet para “periodistas buenos”, es decir, periodistas

En estos días reflexionaba con algunos colegas sobre la tendencia a sentir que el oficio del periodismo se completa con quedarse apuntalado a una silla mullida y desde allí disparar textos.

Internet ha traído cosas muy importantes para el oficio: Tener plataformas nuevas para producir, editar contenidos y publicar contenidos en distintos formatos que exciten los sentidos y, sobre todo, para acceder a información que por otras vías toma más tiempo.

La investigación tradicionalmente ha acudido a fuentes vivas y a ‘fuentes muertas’ (documentos). En ambas dimensiones, la red ha sido fundamental: Pasamos del dispendioso proceso de revisar documentos oficiales en anaqueles oxidados y mal atendidos por funcionarios caraduras (muchas veces), a insertar unas palabras clave en buscadores que nos llevan a los resultados esperados en cuestión de segundos.

Pero quizá lo que más ha empalagado de felicidad a los periodistas ha sido la posibilidad de rebajar intermediaciones para acceder a personajes que por las vías tradicionales resulta más lento o a veces imposible cuando una secretaria o un asesor distancian más a la fuente para justificar su sueldo. Muchas figuras públicas están a la distancia de un correo o de un tuit. Es evidente que esto representa un alivio a la hora de hacer reportería y conseguir a una figura pública para una entrevista.

Eso ha llegado a tal punto de que la agenda en muchos medios pasa ahora por ver qué escriben las figuras públicas en Twitter. Al abusar del recurso, los noticieros y los programas de entretenimiento crean noticias con la espuma de un tuit. Todo parece convertirse en susceptible de ser noticia, aunque no sea más que un acontecimiento ordinario que adquiere notoriedad por la visibilidad del implicado. Desde la llevada del perro al veterinario por parte de una modelo, hasta el estertor senil de un ex presidente encalambrado en sus celos…

Con estas situaciones, es el periodismo el que parece entrar en calambre, se enquista la pereza, se aplaude el facilismo. Y a Internet terminan de echarle la culpa todos los públicos, como si la culpa de un homicidio fuera del revólver y no del francotirador.

Periodismo bueno y malo se puede hacer en cualquier plataforma. En el papel hay colegas excelentes y otros abominables y en las pantallas, igual. Al “periodismo malo” hay que dejar de llamarlo así porque sencillamente no es periodismo; y al “bueno”, hay que denominarlo sencillamente ‘Periodismo’ porque no puede haber otra forma de hacerlo que con compromiso y responsabilidad.

Internet estimula, en los que son mediocres, ese ‘periodismo de hemorroides’, esa práctica de no pararse del sillón para hacer reportería, de casarse con los datos habidos por una fuente sin verificar en el asfalto lo que los datos dicen.

En cambio, en los colegas que son buenos periodistas, Internet ofrece pistas en las fuentes de segundo grado, en esas ‘fuentes muertas’ que son los documentos para hacer reportería, ejercicio fundamental e ineludible a la hora de construir una historia.

Cuando el periodista sale de la redacción, armado de su libreta de apuntes, y quizá de su cámara y su grabadora o del dispositivo móvil que le remplace todas las anteriores, le faltará un solo elemento que será el más importante de todos antes de ensuciarse los zapatos: La curiosidad como ropaje del objetivo.

Cuando hay curiosidad, una idea en la cabeza, capacidad narrativa y un sentido de servicio a la audiencia, esas historias en la calle tienen el beneficio de salirse de la agenda pública, repetida y manida, para escribir la propia.

Que no se deje de lado Internet para hacer periodismo es una recomendación saludable, pero que no se olvide el criterio para hacer ese periodismo, es imprescindible.

3 comentarios en “Internet para “periodistas buenos”, es decir, periodistas

  1. Estimado Víctor: Vuestro artículo me recuerda una frase que lanzó Bill Gates cuando vino a Colombia. Él decía que si en su infancia hubiera contado con este instrumento hubiera sido más inteligente. Yo pienso que no necesariamente. Yo diría que la Internet es un amplificador. Quien es inteligente la Internet lo volverá más inteligente, pero, si es un pendejo, la Internet lo volverá más pendejo. Creo que esto está sucediendo con todas las profesiones, y con todos los ámbitos. Por ejemplo, cuando yo estudiaba en la universidad -sin Internet-, tenía que investigar más, consultar varias fuentes, moverme. Hoy en día, si a un estudiante se le exige hacer un ensayo lo primero que hace es acudir al facilismo de las fuentes inmediatas de la Internet, y muchas veces, acudiendo a un simple copiar-pegar, el estudiante cumple la tarea, rayando su conducta con el plagio -aunque no se puede generalizar sobre esto-. Creo que la Internet le ayuda al que quiere ayudarse, y entorpece a quien quiere anquilosarse. Buena columna, saludos.

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *