A veces la palabra ‘ambición’ es satanizada y no debería serlo. La ambición debería concebirse como las ganas de lograr algo. Así de sencillo. Sin embargo me duele constatar con hechos, con rutinas, con procesos y hoy con cifras, que la ambición está en el punto de la cadena que desata las más feroces reacciones de la condición humana.

Ayer asistí a una conferencia donde KPMG reveló unas escandalosas cifras sobre la corrupción y el fraude en las empresas que tiene presencia en Colombia. Tengo la suerte de ser amigo de Arturo del Castillo, un mexicano transparente como el agua pura y que desde hace un par de años, tal vez tres, viene investigando con rigurosidad este fenómeno en el país, luego de una vasta experiencia en otras naciones y organizaciones. Arturo, junto a su equipo de investigadores dentro de la firma, fue revelando cifra a cifra, un fiel retrato de lo que somos, de parte de lo que somos.. De ese ‘somos’ sombrío y que nos nos gusta mostrar a los colombianos tal vez por temor a que no nos den la visa en otros países.

Durante la mañana fui recogiendo cifras y compartiéndolas en Twitter con los que por esa red me siguen. Me parece pertinente compartirlas por aquí para que quede un solo repositorio:

  • En 2013, el costo estimado por crímenes económicos fue de 3.600 millones de dólares, es decir, el 1% del PIB nacional.
  • El 70% de los crímenes económicos ha sido realizado por empleados de las propias compañías.
  • A la hora de clasificar el tipo de delitos, el 46% de los crímenes económicos experimentados en el último año estuvo relacionado con la malversación de activos, pero el 51% del daño económico lo causó el fraude financiero.
  • Los cuatro tipos de crimen económico que más afectan a las compañías en Colombia son: Malversación de activos (46%), corrupción (31%), cibercrimen (13%) y fraude financiero (10%).
  • El 55% de los delitos de malversación de activos es cometido por empleados ubicados en roles operativos.
  • El fraude financiero ha causado un daño económico cercano a los 1.800 millones de dólares.
  • La corrupción ha implicado un daño económico cercano a los 800 millones de dólares.
  • El 39% de los ataques de cibercrimen se detectó accidentalmente dentro de cada empresa.
  • 65% de las empresas que operan en Colombia ha padecido cuando menos un fraude en los últimos doce meses.
  • La malversación de activos sigue siendo el crimen económico más común, con un 46%.
  • El estudio se realizó a partir de una encuesta aplicada a 197 directivos de empresas que operan en Colombia, que han registrado ingresos anuales desde 50 millones de dólares y hasta más de 500 millones de dólares.
  • Cabe señalar que las empresas representadas en el estudio son tanto compañías privadas (65%) como públicas o con participación mayoritaria por parte del gobierno (35%)
  • El estudio refleja tanto compañías de capital colombiano (71%) como subsidiarias extranjeras con operaciones dentro de territorio colombiano (29%).
  • En cuanto a la vocación comercial, cabe señalar que de las compañías entrevistadas, el 43% tiene una orientación parcial o completamente exportadora y 57% restante se trata de compañías focalizadas en el mercado nacional
  • En 2013, la tendencia de mayor número de fraudes internos sigue prevaleciendo en Colombia y que, incluso, hay un incremento en este tipo de fraude, porque pasó del 68%, en 2011, al 70%, en 2013.

La buena noticia es que en 2013, el número de compañías que cuenta con mecanismos de administración de riesgos de fraude se incrementó 5% con respecto al número de compañías identificadas en 2011. Los investigadores nos compartieron que existe una correlación directa entre el número de empresas que asumieron el reto de implementar mecanismos de prevención y detección de riesgos de fraude y la disminución relativa.

No me cabe duda que la ambición es el motor de la corrupción, que a su vez se alimenta de quienes encuentran en la oportunidad de robar, de sacar provecho de esta ‘Cultura del Atajo’, una vía para socavar la fe que nos queda. Ojalá los medios de comunicación recojan esta noticia sin el pudor de que relatarla signifique una presunta traición a la Patria. Las cosas hay que decirlas por duras que sean.