Pacheco: El hombre que unió a la familia colombiana

Imposible decir que “murió el animador Pacheco”. Imposible porque es insuficiente describirlo con ese simple adjetivo. Fernando González Pacheco-Castro fue animador, actor, presentador, cantante, comediante, director, percusionista, maestro de ceremonias, entrevistador, cronista taurino… Pacheco hizo lo que quiso.

En una televisión incipiente en los años cincuenta, Pacheco se hizo a un puesto central con un argumento contundente que nunca expresó a su favor: Él podía hacerlo todo. La televisión se hacía en vivo. Era un naciente ‘radioteatro’ en el que los errores y los aciertos eran más evidentes. Pacheco fue clave al minimizar el riesgo del error por su gran capacidad de improvisación y su carisma natural.

Paradójico que hoy en día si Pacheco llegara como nuevo al medio tal vez habría sido rechazado “por feo” como él mismo se describía, porque cuando empezó ya era viejo y además era aficionado a las corridas de toros, antes muy legítimas y hoy muy desacreditadas en muchos sectores de la sociedad.

Sus entrevistas fueron conversaciones llenas de curiosidad espontánea. No había más método que la curiosidad y eso fue muy atractivo porque logró sacarle lo mejor y de manera más directa en sus conversaciones. Creo que cada colombiano promedio de más de 35 años de edad puede decir que tuvo a Pacheco en el sofá de su casa, por la familiaridad con la que hablaba. Fue un tío un bonachón que llegaba al menos una noche a la semana para sentarse a comer y echar chistes.

Solo ahora caigo en cuenta de una paradoja: Pacheco –un hombre al que le gustaba mucho el trago entre amigos, según me han contado algunos más cercanos a él– fue el eje central de millones de familias durante más de 40 años en la televisión colombiana al unir a las familias entorno a esa chimenea que era el televisor. Verlo en los programas que animó con maestría era EL PLAN para las familias que concursaban desde sus casas, reían y se sentían inteligentes.

Pacheco fue muy cercano a la casa El Tiempo. En un episodio que casi no se cuenta y pasará inadvertido en las biografías que sobre él se escribirán, su padre trajo dinero de la guerra civil española. Pacheco senior financió los inicios de El Tiempo en parte porque su joven esposa era sobrina de Eduardo Santos, el joven empresario que posteriormente sería presidente de Colombia. Durante décadas, el Pacheco que conocimos fue un discreto accionista de la Casa Editorial, uno de esos accionistas que no molestaba para nada porque para él, el entretenimiento no estaba ahí sino en hacer lo que quería. Estar en una junta de accionistas era lo menos parecido a la diversión.

Lo vi varias veces en vivo, a pocos metros, pero no sé por qué de todas esas, la imagen que persiste en mi memoria fue de hace unos 25 años aproximadamente andando por la carrera 13 a la altura de la calle 36 en Bogotá, con una chaqueta azul brillante en una preciosa moto tipo Gran Turismo. Tenía adherida a la moto un sidecar en el que iba un flamante perro de pelo largo blanco.

Si este post lo lee un quinceañero no va a dimensionar lo que fue Pacheco. Hace unos 20 años recuerdo que le decía a mis amigos: “El día que se muera Pacheco los medios no van a dejar de hablar de él durante semanas; es una especie de deidad pagana”. Los más jóvenes no van a entender muy bien por qué tantos homenajes ya que estuvo ausente de las pantallas en los últimos 15 ó 12 años.

Su legado es innegable porque hoy en día, en un mundo hiperespecializado, no hay nadie que pueda hacer tantas cosas como las hizo él. Gracias por todo Pacheco.

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