Las tentaciones del periodista

Nunca antes en la historia nuestro oficio del periodismo había tenido tantas tentaciones. Y eso no debe leerse necesariamente como algo despectivo, como algo malo. Deberíamos dejarnos tentar por algunas de esas que nos acechan como la duda metódica, como la sospecha a los mensajes de los amigos con sus agendas interesadas.

Podríamos dejarnos tentar por la evolución del oficio en forma de narrativas digitales, por las nuevas herramientas, por los ‘nuevos medios’ que lo son para nosotros y cada vez menos ‘nuevos’ para nuestras audiencias.

Desde luego, me interesa que a la vez con sucumbir ante esos progresos naturales, tengamos la mirada atenta ante las tentaciones que desdicen de nuestro oficio.

Me permito entonces este sencillo y arbitrario listado de tentaciones edificantes y tentaciones para sospechar y los invito a completar la lista:

TENTACIONES EDIFICANTES

  • Conocer más allá de los bordes de mi fuente habitual
  • Escribir a la altura de mis audiencias
  • Explorar los nuevos medios
  • Entender de mercadeo con sus componentes de mercado, producto, precio…
  • Abandonar por ratos los gustos propios para navegar en los ajenos
  • Reflexionar sobre el oficio
  • Dudar, dudar, y dudar
  • Pensar gráficamente cada historia
  • Crear contenidos con placer
  • Revisar buenas prácticas de los medios que gustan
  • Conocer, explorar y ensayar el concepto de ‘periodismo de datos’
  • Contemplar el activismo en casos en los que prime el bien común
  • Saber que el primer editor de una historia es la historia misma
  • Meterle rostro a las historias luego de haber empapado la piel
  • Respirar, confirmar y publicar
  • Dejar que un colega revise antes de publicar
  • Reconocer que se es amanuense a cuenta gotas de la historia
  • Entender el funcionamiento detrás de la fuente antes de salir a hablar con los medios

TENTACIONES PARA SOSPECHAR

  • Relajarse con las fórmulas fáciles y habituales
  • Las lisonjas de los amigos o de quienes creemos que lo son
  • Conformarse con la primera fuente consultada
  • Escribir para sí mismo
  • No salir a la calle
  • Creer que en Internet está todo
  • Congraciarse con las herramientas y no hacer pausas para pensar en el quehacer
  • Crear contenidos para complacer
  • Abandonar la autocrítica
  • Hacer espejo fiel y sin criterio de lo que parece gustar al público
  • Buscar a la aprobación de los poderosos
  • Oprimir el enter más rápido de la zona para ganar la primicia
  • Pegar primero, preguntar después
  • Menospreciar a una audiencia conectada, informada y dinámica
  • Ignorar la participación ciudadana como mecanismo de los actores sociales

Cada cual habita sus propios desafíos y le hace gambetas a sus fantasmas. El periodismo es ese oficio que nos desafía, tienta y seduce a diario con sus vértigos, con las trampas agazapadas en cada interés alrededor y con la ilusión de sorprender a ese público que cada vez menos se convence de nuestra honestidad.

Por esa razón, más que pelear con las audiencias, debemos hacer un constante ejercicio de autocrítica. En un entorno en el que en días como el del Periodista nos quedamos viendo la puerta de la sala de redacción para ver qué regalito nos cae a las manos, el primer regalo que nos deberíamos ar es la autocrítica.

Nos emparamamos de coyuntura, pero nos resistimos a pensar la estructura de lo que hacemos a diario. El afán, una condición propia del oficio, a veces se disfraza de trampa para enamorarnos con ‘la chiva’ (la primicia) y para que nos olvidemos de la verdad. Sin verdad no hay oficio, sin oficio no existiríamos.

Felicitaciones también a todos los periodistas que no tienen miedo de decir la verdad; pero mi respeto profundo a los que, teniendo miedo, insisten en decir la verdad a pesar de todo.

Feliz día a todos los que transpiran esta pasión, a los que viven este oficio con la humildad del artesano y piensa que su próxima obra no se ha escrito, será la próxima.

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