Sobre el misionero ‘gringo’ y el matrimonio de algunos periodistas con su fuente

Momento en que Martin Stendal queda libre y celebra con sus allegados

Momento en que Martin Stendal queda libre y celebra con sus allegados.

En esta oportunidad le he pedido a mi hermano Carlos Solano que nos regalara una versión ampliada de un post que él escribió para sus amigos en Facebook. Me pareció pertinente, acertado y elocuente con un fenómeno que a la par yo estaba observando en los medios. Lo hubiese escrito yo, pero al verlo en su pluma me pareció oportuno que él tomara este espacio.

 

Por CARLOS SOLANO
Periodista

Citado de Twitter, de @noticierodelafm: Russell Martin Stendal dice que no sufre Síndrome de Estocolmo #OigoLaFM

* * *
El pasado jueves en la noche, después de más de 24 horas de retención en el búnker de la Fiscalía y de una audiencia pública en la que un fiscal intentó que le dieran medida de aseguramiento sin derecho a casa por cárcel (previendo su posible salida intempestiva de Colombia), el misionero estadounidense Russell Martin Stendal quedó en libertad y hoy puede contar el cuento desde su casa, que es además un estudio de grabación de los programas de la emisora FuerzadePaz, en la que transmite lecturas de las Bienaventuranzas y de la Biblia.

–Paremos un segundo para adelantar que este texto no se trata de fe ni de cristianismo: es una reflexión acerca de los medios y su papel reciente al cruzarse con la historia de Stendal, a quien conozco de primera mano: es amigo de mi familia. Llegué a él a través de mi esposa y así he podido ver de cerca lo que hace. No soy un practicante de fe y no pertenezco a ninguna congregación, pero sí soy periodista, así que, por favor, sacudan cualquier duda moral al respecto–.

Primero, el contexto de la noticia

Martin Stendal había sido señalado por una investigación de la Fiscalía y de la Policía de Cundinamarca de ser parte de la estructura de apoyo de los Frentes 51 y 53 de las Farc, al supuestamente poner a disposición del grupo armado su plataforma de comunicaciones. Se trata de unas antenas que levantó a lomo de mula en regiones apartadas durante los últimos 15 años en el Meta, así como en Cundinamarca, y que repiten la señal de radio de FuerzadePaz.

El misionero llegó a la Fiscalía el miércoles por la tarde, atendiendo una llamada de la Fiscalía en la que le decían, palabras más palabras menos, que si por favor podía acudir a ampliar una información en torno a unas acusaciones que había en su contra. Al llegar, unos investigadores lo esperaban en la puerta con una orden de captura. Pero muchos medios dijeron en Twitter que “se había entregado”, lo que avecinaba una explosión de ligerezas periodísticas.

De ello da cuenta este video que las hijas de Stendal grabaron en la Fiscalía cuando se enteró de que era una captura

En la audiencia, se revelaron las cartas de un carrusel de testigos –algunos de ellos ya lo habían intentado extorsionar semanas antes, le habían pedido 250 millones de pesos para no envolverlo en una acusación–, desmovilizados que paradójicamente en algún momento recibieron la mano extendida de Martín y muchos años después se la intentaron morder.

Por fortuna, en una prueba de que aún hay cierto equilibrio en el sistema judicial, la juez no encontró argumentos sólidos para darle medida de aseguramiento. De hecho, increpó a los fiscales por lo que llamo “una investigación incipiente e insuficiente”. Sin embargo, en mi opinión, el caso demostró cómo el aparato del sistema judicial es utilizado impunemente por unos bandidos para extorsionar, algo que paradójicamente denunció recientemente este reportaje de Juan Gossaín: El cartel de los falsos testigos.

Un rápido contexto histórico sobre Stendal
Stendal vive en Colombia desde que tenía 8 años cuando llegó en los años 60 con sus papás, que eran misioneros cristianos. Siguió como misionero y también se hizo piloto, recorriendo el país llevando el mensaje de la Biblia. En 1984 las Farc lo secuestraron. Él cuenta que lo amarraban con nylon a un palo. En medio de ese maltrato, vio que los guerrilleros y los involucrados en la guerra en el país eran los más necesitados de oír la palabra de Dios y entonces, cuando Tirofijo le reconoce su labor, lo libera y lo deja continuar su misión. Se unió al padre García Herreros durante años en su labor de reconciliación, con el beneplácito del entonces presidente Belisario Betancur.

Desde su avión, lanza al monte biblias camufladas (ningún militar o combatiente quiere una biblia color azul con brillitos dorados en plena selva), audiobiblias que funcionan con manivela, además de radios solares con la emisora presintonizada.

Aquí conoció a su esposa y levantó un hogar que hoy tiene hijos y nietos colombianos. Lleva más de 50 años en Colombia. En el 2013, sus hijas Alethia y Lisa Stendal presentaron una película, La Montaña, que hicieron para contar la historia de su padre pero especialmente un episodio en el que Stendal logró sentar en la misma mesa a paras y guerrilleros para hacer una tregua temporal humanitaria en una montaña, para que las mulas subieran comida. Inédito: ¿Cuándo más se sentaron estos dos grupos a dialogar?

Regurgitación mediática
Todo el tema me ha hecho pensar mucho acerca del periodismo judicial que se practica en mi país. Soy periodista (cultural) y amo mi oficio, pero me da miedo el entorno periodístico en el que estoy, que cada día relata o desdibuja historias de personas a las que probablemente un titular les acabe la vida. Mañana, habrá otra noticia más.

Con muy contadas excepciones (de hecho, creo que solo dos), todos lo medios que cubrieron la historia se dedicaron a repetir el discurso que entregó la Fiscalía sobre Stendal como vinculado a la estructura de las Farc sin cuestionar nada ni confrontar versiones, sin escuchar al inculpado ni a personas a su alrededor: RCN en su emisión del medio día abrió su noticiero llamando a Martín “¿el gringo de las Farc?” y “alias el gringo” (¿?) y al único que entrevistó fue al coronel de la Policía de Cundinamarca, quien hablaba de unas grabaciones (que finalmente no demostraron nada en la audiencia).

En la emisora de radio La FM, la mesa de Vicky Dávila le preguntó al aire a Stendal si lo que él tenía no era Síndrome de Estocolmo, para luego, cuando se cayó la llamada, insinuar que no le entendía nada y que eso, a juicio de Dávila, le parecía lo mismo que evadir las preguntas. También insinuó que la explicación que le dio le parecía “muy rara”. También que “si la Fiscalía lo está investigando es por algo”. Una voz aterrizada en la mesa puso el polo a tierra aclarando que los acuerdos internacionales permiten la labor de los misioneros en zonas de conflicto y que si un juez de garantías posterior al concepto de la juez también avaló su decisión, es porque ya era claro que todo el procedimiento judicial fue correcto.

Los periodistas, muy especialmente Dávila, creen -o creemos- que lo saben -sabemos- todo, pero cuando no entienden -entendemos- algo, esos huecos los tapan -tapamos- con dudas, con perversidades y, cabe decirlo con mierda.

Dávila no podía entender que un misionero haga lo que hace, la idea de un apostolado desinteresado la interpretó como argumentos sólidos de la Fiscalía: ‘por qué un tipo recorre el país llevando biblias’, ‘por qué si es gringo está acá’, ‘por qué calla cuando le hacen preguntas (idiotas)’, ‘por qué alguien va a gastarse su plata (y la de unos viejitos gringos que lo financian, los he visto, lucen como un club de bridge con buen corazón) en ayudar a gente que fue envuelta en las guerras del monte -la mayoría, contra su voluntad-. Esa cultura de que “lo que no entendemos, lo repudiamos”.

FullSizeRender

Algunos de los textos en que se cuenta la historia de Stendal en Colombia

También es fatídico que casi todo el periodismo que se hizo alrededor de esta historia ni siquiera “googleó” para llegar a la película La montaña, que está disponible en Youtube, ni leyó el libro The Hidden Agenda, escrito por Martin y su hija Alethia, que está disponible en Amazon, que ya hace rato publicó muchos más detalles de esos que una agresiva, tropelera y acelerada periodista se habría podido agarrar para criminalizarlo. Pero oh sorpresa: Hay periodistas que prefieren decir cualquier cosa, la que se venga a la cabeza, antes de tener que leerla en las páginas de la competencia.

Resulta que no hay nada criminal en la misión de Stendal, simplemente es un hombre que le habla de Dios a quien se encuentre en el camino. En 1984 estuvo secuestrado y tuvo su iluminación personal al pensar que esos guerrilleros necesitaban leer la Biblia. Es su misión en la vida, y es totalmente respetable. No hay que ser cristiano para respetar y entender eso.

Pasado el episodio, Stendal ya está con su familia y va a seguir trabajando en lo suyo. Lo que transmitió a los poquísimos medios que hicieron la tarea de quedarse durante toda la audiencia hasta las 9:20 p.m., y no lo habrían hecho si el tema no hubiese saltado a las redes sociales como algunos nos preocupamos por visualizar (quiero destacar aquí el trabajo transparente de mi colega de Citytv Manuel Rincón, que no se comió el cuento de la Fiscalía), fue una idea sublime: al final la verdadera justicia no es de los hombres (ni fiscales, ni jueces, ni abogados, ni curas, ni pastores, ni ningún intermediario). Esa llega luego.

El día en que los periodistas dejamos de entender que lo que decimos afecta seriamente la vida de las personas, perdemos toda la humanidad que tiene un oficio que en principio pretendía contar la historia de esa humanidad. Entonces ¿qué sentido tiene seguir escribiendo ese tipo de artículos o hacer ese tipo de notas televisivas?

El comunicado que la Fiscalía publicó en su momento

El comunicado de prensa que la Fiscalía publicó en su momento en su sitio web.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *