Hoy nos ha llegado esta información de Oxfam que nos deja perplejos. Según el último informe de esta ONG, 200 millones de latinoamericanos en riesgo de ser pobres otra vez. Esto podría ocurrir si los gobiernos de América Latina y el Caribe no atacan la concentración extrema de riqueza y poder a través de políticas públicas. En promedio, el ingreso de los multimillonarios latinoamericanos es 4.846 veces mayor que el de los más pobres.

Un dato muy diciente es que en América Latina y el Caribe, el 1% más rico de la población concentra el 41% de la riqueza. Si se mantiene esta tendencia, en solo ocho años este 1% acaparará más riqueza que el 99% restante, contribuyendo a un aumento exponencial del número de personas pobres en la región y echando por la borda los avances en la reducción de pobreza monetaria de los últimos 10 años.

En Colombia sólo el 1% más rico de los colombianos concentra el 20% de los ingresos del país. Según el estudio, un multimillonario registra ingresos anuales 3.695 veces lo que gana una persona situada en el 20% más pobre de la población.

“América Latina y el Caribe logró una reducción de la pobreza en la última década a diferencia de otras regiones del mundo. Pero esta tendencia ya se ha roto y se están viendo cambios que ahondan la brecha entre ricos y pobres. Ahora que la economía no va a crecer al mismo ritmo en los próximos años debemos asegurar que repartimos mejor la renta y la riqueza. Si no lo hacemos, tendremos 200 millones de personas en riesgo de ser pobres de nuevo”, señala Rosa Cañete Alonso, coordinadora de la campaña IGUALES de Oxfam en América Latina y el Caribe.

Estas cifras son algunos de los cálculos que Oxfam presenta en su más reciente informe Privilegios que niegan derechos. Desigualdad extrema y secuestro de la democracia en América Latina y el Caribe, presentado hoy en Lima. Con este reporte, la organización hace un llamado a los gobiernos para que la reducción de las desigualdades –-económicas, sociales y de poder– sean una prioridad política para la región, que persiste como la más desigual del planeta en el reparto de ingresos y tierra.

La calculadora de la desigualdad

Adicional a su informe, Oxfam, en asociación con el medio peruano Ojo Público, ha desarrollado una ‘calculadora de la desigualdad’ en forma de aplicación web. La herramienta digital permite a los ciudadanos de 17 países de América Latina comparar su ingreso mensual con el del resto de la población y con el de las personas más ricas de su país. A partir de esta interacción, los ciudadanos tendrán un mayor entendimiento sobre la dimensión de la desigualdad y cómo esta les afecta cotidianamente.

El análisis realizado por Oxfam demuestra que la brecha de ingreso es escandalosa y que hay una concentración extrema de la riqueza, que limita el crecimiento y la lucha contra la pobreza.

“La concentración de riqueza va unida a la de poder, se está produciendo un “secuestro de la democracia” en el que los Estados dejan de estar al servicio de las necesidades de la ciudadanía, mientras las élites políticas y económicas cooptan las instituciones democráticas y utilizan los recursos públicos para su propia ventaja”, señala Rosa Cañete Alonso.

¿Y cómo está Colombia?

En relación con Colombia, Oxfam señala los efectos nocivos de la privatización de la educación y de la salud, así como lo preocupante de los índices de concentración de la tierra para la población más pobre y para las mujeres:

  • Las niñas en el sector rural se desescolarizan por falta de recursos y para atender labores domésticas, y el país está entre los países que presentan peores resultados en lectura, matemáticas y ciencias.
  • En términos de salud, el informe señala cómo en Colombia los niños y niñas pobres tienen 2 a 5 veces mayor probabilidad de morir en el primer año de vida, que los niños ricos.
  • En el caso de acceso a agua potable, asunto crucial para la salud, Colombia presenta diferencias urbano-rurales de cobertura de más de 20 puntos porcentuales.
  • Alta concentración de tierra. Colombia ostenta uno de los índices más preocupantes y existe el riesgo de que se produzca una mayor concentración, como sucedería si se aprobara el llamado proyecto de Ley ZIDRES que es apoyado por gran parte de la agroindustria y rechazado por las organizaciones campesinas e indígenas. Los efectos de las adquisiciones de tierra de las grandes corporaciones afecta a las personas que viven en los territorios – en muchos lugares del continente las comunidades han sido desplazadas forzosamente y cuando no, los pequeños propietarios se ven perjudicados por los efectos medioambientales y los problemas de salud asociados al uso de los agroquímicos. Es importante desarrollar políticas que prioricen la inversión en los pequeños productores y en las mujeres rurales.

No retroceder en la reducción de la pobreza en la región

La caída de los precios de las materias primas ha golpeado el crecimiento económico de América Latina y el Caribe y exige repensar un modelo de desarrollo que sitúe el debate de la desigualdad como clave para ofrecer soluciones sostenibles. Para evitar graves retrocesos en la reducción de la pobreza, Oxfam recomienda que los gobiernos de la región ejerzan acciones firmes, simultáneas y coordinadas que permitan enfrentar la desigualdad:

  • Romper con los modelos de concentración de riqueza, rentas, tierras y oportunidades.
  • Poner fin al secuestro de la democracia y anteponer los intereses de la mayoría a los privilegios de unas élites.
  • Asegurar la provisión de servicios públicos para garantizar una sociedad solidaria y equitativa.
  • Apostar por un modelo económico y social que supere la dependencia de la extracción de materias primas, diversificando la productividad.
  • Asegurar la igualdad de derechos y poder entre mujeres y hombres.

Así las cosas, Latinoamérica, el continente históricamente más asimétrico del mundo, parece estar condenado a abrir la brecha aún más entre ricos y pobres. Y eso que el informe no da cuenta de la brecha que se abre en el campo de la información. También estamos expuestos a que en medio de nuestros pies se abra aún más el abismo entre ‘inforricos’ e ‘infopobres’.

Es nuestro deber que al menos en la dimensión de la información, la brecha pueda irse cerrando gracias a que siento que la sociedad está menos dispuesta a recibir el rezago de esa herencia histórica. Cada vez más el activismo que propende por el acceso libre a la información, que está pendiente de la gobernanza de la red, luchará por mayores condiciones de equidad.