El interés por la rueda de prensa era lógico. Useche respondería sobre el fallo de la Contraloría General de la República, que lo encontró co-responsable de un detrimento patrimonial de más de 40.000 millones de pesos (25 millones de dólares aproximadamente) en las arcas del Departamento.
La pretendida ‘rueda de prensa’ empezó mal. Algunos colegas que conversaron conmigo sobre lo que había ocurrido comentaron que desde antes de que llegaran los periodistas, ya había en el recinto personas que no eran periodistas y que más bien eran lideres políticos barriales ¿Por qué estaban allí si se supone que los invitados a una rueda de prensa son los periodistas?
Las declaraciones del gobernador Useche parecían un discurso de tarima donde se remitió a sus orígenes humildes y a su imposibilidad de pagar una cuantiosa multa. A las sentencias de Useche, el coro responsorial de manifestantes contestaba con aplausos o con reproches, dependiendo de lo que el gobernador necesitase. El principal argumento sobre el cual giró la cantinflesca rueda de prensa fue que era un perseguido político.
Cuando llegó la sesión de preguntas (eso suele haber en una rueda de prensa…), la periodista Jahel Figueroa, de la cadena de radio Colmundo le preguntó por quiénes lo perseguían, el abucheo de los manifestantes fue más intenso. Figueroa relató esto para nuestro blog:
Fui la primera persona que le hice la pregunta de “la discordia” al Gobernador Hector Fabio Useche. Fue pecado mortal preguntarle : Señor Gobernador usted en el transcurso de esta rueda de prensa ha mencionado en varias oportunidades que es víctima de persecución política, los periodistas que estamos aquí presentes queremos saber quien lo persigue?. Cuando hice esta pregunta estaba segura que me iba a encontrar con una respuesta inteligente, quizás con respuestas con nombres propios pero lo único que encontré fue amedrentamiento en mi entrevistado y el abucheo de un pueblo enardecido que había sido citado durante el fin de semana inmediatamente anterior a hacerle porras y barras al actual gobernador del Valle en una “rueda de prensa”. La respuesta que me dio mi entrevistado fue: Que le conteste el pueblo! Al buen entendedor pocas palabras! Usted sabe Jahel, usted sabe!. Al fondo solo se escuchaban los insultos de los honorables asistentes.
Inmediatamente después, la periodista Carmen Alicia Sarmiento, del canal del televisión CNC, insistió con la pregunta y nuevamente fue abucheada. Minutos después, el periodista Humberto Pava Camelo tomó el micrófono, defendió al Gobernador y acusó a Sarmiento de ser “la jefe de prensa de Lourido (anterior gobernador del Valle y opositor de la corriente política de Useche)”; la periodista se salió de casillas e increpo a Pava Camelo delante de todos, Una muchedumbre se abalanzó sobre la periodista y las imágenes del video son algo confusas.
Esta tarde hablé con Carmen Alicia y me confirmó ella no tuvo nada que ver con la campaña ni con la gobernación de Lourido y que todavía no entiende bien lo que pasó.
Esta mañana busqué ponerme en contacto con la Gobernación del Valle, pero no contestaron a mis preguntas ni en el Despacho del Gobernador ni en el correo de la Jefe de Prensa (e) Marcela Quitián. Tampoco a la hora del cierre ha respondido el periodista Humberto Pava Camelo, mencionado por varios de los colegas que me han dado su testimonio o su opinión sobre los acontecimientos de la rueda de prensa.
Es una verdadera lástima que la Gobernación no haya respondido porque habrían tenido la oportunidad de presentar su versión de los hechos. Sin embargo, aquí siguen abiertas las puertas para la institución.
Algunas palabras para el Gobernador Useche
Señor Gobernador Useche:
Fragmentos de las reacciones de los periodistas
Algunos fueron testigos oculares de la rueda de prensa; otros sencillamente opinan sobre la evidencia del video y de lo que conocen de la situación. (Cada opinión solo hace responsable a su autor y no al medio o empresa para la cual trabaja):
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Lo que pasó con Transmilenio la semana pasada da señales muy claras, preocupantes eso sí, de que la relación entre ciudadanos, ciudadanía y ciudad es tormentosa.
Bogotá mostró, en ese ‘viernes negro’ (9 de marzo) que la coexistencia entre los derechos y los deberes se concibe como una guerra de tensiones y no como dimensiones de la cultura. Con todos los destrozos que se identificaron contra las estaciones de TransMilenio quedó claro que quienes quieren desestabilizar la sociedad se camuflan entre quienes legítimamente buscan protestar de manera pacífica contra problemas estructurales de la ciudad.
Asociaciones de usuarios –como brazos pensantes de la sociedad civil que intentan sistematizar un sentimiento de impotencia de las grandes masas de la sociedad– buscaron por muchos medios pacíficos acercarse a las directivas de TransMilenio para sentar su voz ante dos temas fundamentales: Tarifas de los tiquetes y calidad del servicio.
Ambas son justas reclamaciones luego de saber que las tarifas para los usuarios del sistema en Bogotá son de las más altas de Latinoamérica y que el poder adquisitivo de los colombianos no es precisamente uno de los más generosos. De igual forma, la calidad del servicio tiene serios y claros cuestionamientos por la cantidad de buses, el promedio de la velocidad, el estado de las vías, los congestionamientos, la comodidad, la seguridad para los usuarios, las intersecciones invasivas, la semaforización que no prioriza su paso por la ciudad y la insuficiencia de los corredores viales para llegar a otros sectores de la capital.
El problema de TransMilenio es estructural y aunque sus usuarios lo constatan todos los días, solo se reflexiona en las coyunturas. No se ven muchas soluciones a la vista mientras se vuelve realidad un genuino sistema integrado de transporte en el que se combinen TransMilenio, Metro, Tranvía y Tren de Cercanías para unir a la ciudad-región. Y el problema es que se promete desde el desgarrado proselitismo emocional y no desde la razón tecnocrática.
Eso implicaría también el utópico desmonte del anárquico modelo de busetas y buses; esa mafia terca que convierte las calles en una jungla inclemente y que se regocija en la corrupción no solo al no pagar deudas millonarias por multas, sino que ponen alcaldes y concejales a su antojo desde hace muchos años.
Pero lo que trajo la mediatizada revuelta del Viernes Negro fue, de paso, una claridad sobre cómo parecería que la ciudadanía tiene limitaciones en su ejercicio, tantas que las vías de hecho son perpetradas por unos pocos y toleradas por otros muchos sin que haya una defensa vehemente del espacio público y, en general, de ‘lo público’.
Las estaciones, con daños en promedio por cada una de 200 millones de pesos, recibieron injustamente toda la ira de una banda de desadaptados que con su conducta no solo perjudicaron el patrimonio del Distrito, sino que desvirtuaron lo que puede ser la participación de los ciudadanos en la construcción de lo público.
Algunos medios, autoridades y ciudadanos estigmatizaron a los ‘estudiantes’ y a los otros ‘ciudadanos’ y los metieron en una misma bolsa con los desadaptados que arrasaron como horda de Atila todo lo que encontraron. Si los que ven televisión no distinguen entre los que protestan pacíficamente y los que causaron los destrozos, el sentido de la indiferencia hacia lo público podría lesionarse seriamente.
Los ciudadanos sí debemos salir a las calles y protestar por la defensa de lo que nos pertenece como usuarios de sistemas como TransMilenio, pero es una contradicción que en la búsqueda de un mejor sistema, éste fuese parcialmente destruido. Por eso es vital que no sea la arenga sino el argumento, el factor clave para motivar cambios.
Bogotá tiene una deuda enorme con el espacio público. Es como con los monumentos donde las autoridades los tienen bien inventariados pero son como un mueblo viejo que ya no cabe en el patio de atrás.
El transporte, uno de los elementos más tangibles del uso del espacio público, está en crisis; el modelo colapsó hace mucho a pesar de las mejoras que trajo TransMilenio. Hay que quitarle el transporte a las mafias y los ciudadanos debemos ejercer la ciudadanía no como una condición de estorbo, sino como un deber de construcción social.
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Ayer me llegó una historia relativamente bien estructurada (originalmente se publicó en Facebook, pero ahora la encontré aquí) en la que se pretendía demostrar que un fotógrafo de El Tiempo habría elucubrado un montaje para poder hacer la foto que finalmente salió en la primera página del impreso.
Confieso que me causó una impresión muy grande, descorazonado; compartí el link en Twitter que me pasaron no menos de 12 tuiteros y recibí una respuesta de Diego A. Santos, gerente de contenidos digitales de El Tiempo en la que, además de reclamarme, compartió este video en el que se muestra al fotógrafo huyendo para salvarse del cobarde ataque de los vándalos a las estaciones de Transmilenio durante los hechos del 9 de marzo.
Inmediatamente después, publiqué el video que Diego me compartió públicamente. Ambas acciones las hice en idénticas proporciones: Sin opinar, sin agregar nada. Técnicamente, solo informé (o eso al menos creí en ese momento) al compartir esos enlaces.
No haré una defensa de mi proceder ¿Cuáles fueron mi errores? Varios a mi modo de ver luego del paso de las horas:
Por eso, aunque recibí un matoneo por parte de algunos usuarios, no me defenderé. Asumo el error de haber sido neutral en este episodio cuando las circunstancias de tiempo no me permitieron hacer más esfuerzo en el recaudo de pruebas y en la valoración de los argumentos. Mi neutralidad causó dolor en quienes ejercen el periodismo en la casa editorial, con justa razón (no voy a juzgar ahora sus formas ni proporcionalidad en el tono).
La paradoja es que aunque aprendí mucho del procedimiento en el periodismo con este caso, algo dentro de mí me va a exponer a futuros episodios similares: La duda. Dudar es parte del oficio periodístico porque es lo que motiva la investigación. Todo parece indicar que una duda en alguien es solo “una duda”; si yo tengo duda sobre algo podría interpretarse como “una acusación”. No es muy justo pero lo acepto como una realidad duramente aprendida. Además, tener un poco de más de seguidores en Twitter que el promedio colombiano no me hace más que nadie, ni más influyente, pero si me concede la pesada carga de tener que ser más responsable que muchos.
La garantía ahora para que no ocurra es que si no voy a tener el tiempo suficiente para valorar los elementos sobre la mesa, mejor ni extiendo el mantel sobre ella. Mi dudas metódicas tienen que ser mejor ejecutadas.
Sigo convencido de que fui mal interpretado por algunos colegas, pero admito que involuntariamente puse de mi parte con esa cadena de errores para que esa interpretación equívoca alzara vuelo.
Le ofrezco disculpas públicas a Mauricio, a los colegas que se incomodaron, a los lectores y con mayor pena, al periodismo.
Nota: Acabo de borrar el tweet no para ocultar el error que por demás, aquí sobre expongo, sino para que eventualmente más personas no lo lean sin contexto y sin la oportunidad de leer la otra versión, la real.
]]>A menudo se habla de la influencia en Twitter; casi siempre se le asocia a una celebridad que tiene muchos seguidores. Es ahí cuando aparecen los Lady Gaga, Ashton kutcher, Shakira o Juanes como los que podrían ser los más influyentes en Twitter.
Si bien es cierto que cualquiera de estos tiene un número impresionante de seguidores, rapando tajadas de los 200 millones de usuarios que tiene esta red, no es el número de seguidores lo que hace a un usuario más influyente que otro. De hecho, una investigación del año pasado realizada por investigadores de la Universidad de Northwestern analizó las repercusiones de tendencias y las cruzaron con lo que ‘tuiteaban’ celebridades como Lady Gaga, Justin Bieber y Ashton Kutcher, entre otros ¿El hallazgo? Casi son imperceptibles sus influencias en los comportamientos.
En cambio, los que resultaron ser influyentes son los que tienen un bajo perfil pero son realmente expertos en un campo determinado del saber. Estos usuarios influyentes no necesariamente están por encima del millón de seguidores. Así, un médico veterinario se convierte en un personaje influyente a la hora de compartir recomendaciones sobre mascotas; un biólogo puede dar argumentos en una iniciativa ambientalista y eso movilizar a muchos a la acción.
Las compañías están buscando a los tuiteros que podrían considerarse influyentes para que hablen de sus marcas, pero cometen el error de entregarles libretos cuando en realidad lo que vale de sus tweets es la sinceridad de sus experiencias.
Aunque se sabe si alguien es influyente por el número de listas que lo registran, los RT (réplicas de sus tweets), la verdadera influencia en Twitter está en poder confirmar, cambiar, alterar o sugerir ideas y sensaciones en un camino de experiencias.
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Las declaraciones del dirigente deportivo Álvaro González esta semana causaron revuelo y con toda razón. “No hay peor enfermedad, si se puede llamar así, con el respeto del que la sufra, que el homosexualismo”. El testimonio desató una inmensa ola de repudio en muchos círculos por la agresividad contra una comunidad cada vez más visible como la LGBT. Los medios han hecho y desecho con esta historia y González está en el ojo del huracán.
Y no es para menos. A estas alturas del momento histórico, del desarrollo del pensamiento, del respeto a la diversidad, de los alcances delas minorías, las palabras de una anacrónico González nos devuelven a una época de la Inquisición. Las brujas de hoy parecerían ser los homosexuales para un hombre como González y para muchos que hoy califican de “enfermedad” una orientación sexual.
Lo curioso es que la defensa de los implicados también me resulta anacrónica. Los árbitros han salido a los medios a decir que nunca habían oído eso de que se necesitara ser homosexual para pitar un partido de fútbol en la liga profesional. Algunos han dicho que tildarlos de homosexuales los ha perjudicado muchísimo y que es una infamia que los traten de gays. Es decir, haber insinuado que en su gremio se necesita ser gay resultó una injuria terrible.
En un artículo de Thomas Beltrán para PUBLIMETRO, Luis Alberto Mancera, que preside uno de los cuatro colegios de árbitros de Bogotá, salió con un par de perlas todavía peores que la de González: “Respetamos lo que piensa cada uno pero no queremos que en esta profesión exista una persona de otro sexo”, a la que aderezó con “Nuestro colegio no lo aceptaría porque sería una razón para que hayan problemas de indisciplina y por eso preferimos no aceptarlos”… Lo de Mancera, además de cavernícola, es ilegal porque limita las posibilidades de muchos ciudadanos que pueden y tienen el derecho a aspirar a una designación como árbitros. Están prohibidas en Colombia todas las formas de discriminación.
Pero el tema desborda el campo del fútbol. En todos los campos se sataniza tanto a las otras orientaciones sexuales que las palabras “normal” y “anormal”; “sano” y “enfermo” afloran con mucho desparpajo para referirse a unos y a otros. Siento que sería tan injusto solicitar a alguien que demuestre no ser homosexual como pedirle que pruebe ser heterosexual. Ningún cargo debería discriminar de esa forma tan prejuiciosa y ningún género debería ser objeción para acceder a una posibilidad.
La misma Ley de Cuotas que ha abierto posibilidades a inmensas minorías en muchos países, incluyendo Colombia, y ha sido un avance en materia de acceso al trabajo para miles de personas que con gran talento profesional, con el tiempo tiende a convertirse en otra tara para la meritocracia. Con tal de dar un porcentaje de sillas en una organización, a veces se tiende a que mucho talento pase inadvertido. Una medida como esas debe tener una vigencia de unos 20 ó 30 años como para que se asiente en la cultura la idea de la equidad en las oportunidades y luego sencillamente se entienda que el género no debe ser objeción.
Hace unos años (2006) escribí en mi blog que declarar a la zona de Chapinero como ‘distrito gay’ con el objetivo de reconocer y recompensar a una minoría que ha sido vulnerada tiene nobleza en el fondo, pero también es un desatino filosófico: Estimular lo que se quiere combatir: la discriminación. A eso se le llama ‘Discriminación positiva’ para proteger los derechos, en este caso, de una minoría. Pero declarar este distrito manda un mensaje subliminal perverso: ‘Si eres gay, solo aquí estás protegido’. El Estado debe garantizar seguridad para todos los ciudadanos de todas las orientaciones en todos los rincones de su geografía.
La aceptación de la diversidad supone una mayoría de edad mental y la sociedad requiere crecer en la tolerancia y en el respeto a todas las formas de concebir las relaciones y la vida misma.
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A pesar de que el anuncio tiene poco menos de unas horas, no demorará en sentirse la reacción telúrica de los usuarios en esta red. O por lo menos eso pensaría que puede ocurrir en las próximas horas. La situación no es fácil. Con ganas de llegar a mercados esquivos por su condición política, Twitter –la plataforma más revolucionaria de Internet en los últimos años, junto a Youtube y Facebook– anunció que ciertos contenidos podrían ser bloqueados en los países de origen por solicitud de los gobiernos locales.
Aunque técnicamente ya Twitter puede hacer esto, esa era una capacidad que se había reservado la compañía porque no había encontrado la necesidad o porque sencillamente el crecimiento exponencial que ha tenido en los últimos años habría sido imposible. “Poco a poco, a medida que crecemos a nivel internacional, vamos a ir a los países que tienen diferentes posiciones sobre la libertad de expresión”, dijo la empresa en su blog. con el ánimo de justificar la decisión.
A partir de ahora, Twitter bloqueará la publicación de ciertos mensajes en ciertos países, siempre que la ley local lo solicite, sin discriminar entre países democráticos o no. Así las cosas, si esto hubiese ocurrido hace un año, no sabemos cómo habría sido el desarrollo de la ‘Primavera árabe’, el fenómeno que sacudió gobiernos como los de Túnez, gracias a la participación muy activa de los ciudadanos inconformes a través de las redes sociales.
Con esta decisión, muchas de las ideas se convierten potencialmente en subversivas si llegan a incomodar a cualquier gobierno, sin que este tenga que ser necesariamente una dictadura. Casi todas las constituciones del mundo conservan articulados en los que la conspiración y la “traición a la patria” son conductas tipificadas como delitos. Con una posibilidad como ésta, hasta un gobierno democrático, en sus días de mal genio podría llegar a solicitar el bloqueo de palabras críticas con su gestión.
Y si eso llega a ser así en las ‘democracias ¿Qué va a pasar en China, Pakistán, Corea del Norte, Irán, Cuba, Venezuela…? La posibilidad de reducir la libertad de expresión es mayúscula. La tentación de un Estado todopoderoso de poder entrometerse en la difícil tiniebla (para los gobiernos) dominada por los ciudadanos va a ser enorme.
Twitter afirma que algunos trinos pueden ser bloqueados en algunos países pero no en otros: “Si se nos solicita bloquear un mensaje en un determinado país, vamos a tratar de contactar con el usuario”… ¿Y cómo van a establecer ese contacto? ¿Censurando primero y luego explicando que el contenido resultaba “inapropiado”?
Cuando un tweet alerte que hay una irregularidad en el día de las elecciones en un país que esté regentado por un gobierno que lleve, digamos, ocho años en el poder, ¿El gobierno podría solicitar que lo borre porque altera la tranquilidad y el orden? Casos como este y muchos más manipulan la puerta giratoria entre la libertad y la represión a la perseguida libertad de expresión.
Repito que es triste que una de las plataformas que se habían abanderado como uno de los bastiones de la libertad de la palabra, ceda tan brutalmente a las presiones de los inversionistas, que a la larga son los que están detrás de entregar las llaves a los caprichos de los gobiernos.
Los ciudadanos en esta etapa que hemos vivido en los últimos seis o siete años hemos venido encontrando la muy atractiva posibilidad de poner la palabra al alcance de todos, de compartir contenidos de manera espontánea. Una talanquera de este tamaño es un despropósito histórico, un error de la empresa que podría recibir una resistencia enorme por parte del hacktivismo más radical.
Al final, hacktivistas y moderados podrían entrar a considerar otras plataformas que hasta ahora han sido tímidas o incapaces o menos famosas emulaciones de Twitter. El usuario de la red no es fiel, es inseguro y malagradecido y en cualquier momento migra hacia otros servicios de la competencia sí ésta ofrece una milla extra.
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Cuando yo era un reportero raso en el diario más grande de este país, llegaban periodistas del extranjero con más experiencia que yo para hacer ‘prácticas’ ¿La razón? Colombia es, si no el mayor, uno de los más grandes productores de noticias de orden público. Colegas europeos dejaban la comodidad de su entorno y la certidumbre permanente para enfrascarse en la loca aventura de hacer periodismo en un país tan atípico, excepcional y agresivamente sorprendente como el nuestro.
Colombia ha producido noticias que todavía me crispan como los ‘falsos positivos’, esa terrible rutina de una fracción del Ejército para engañar civiles con la falsa promesa de contratarlos como obreros, pero que en realidad terminaban ‘disfrazados’ de guerrilleros y asesinados con tiros de gracia para luego mostrarlos como muertos en combate y así notarse puntos ante la institucionalidad. Esa misma Colombia es la que produce, con los mismos protagonistas, historias épicas sorprendentes como la ‘Operación Jaque’ y otras de similar calibre hollywoodense.
Esa misma Colombia es la que durante más de tres semanas se conmueve con el caso de una mujer que destroza sus glúteos en un quirófano, esa Colombia se solidariza con ella por ser una estrella del entretenimiento, pero ese mismo país no se conmueve con los centenares de casos similares de mujeres que durante años han sufrido padecimientos similares.
La melancolía de una figura pública se convierte en el tema de la agenda de un país. Eso tiene que darnos pistas del país en que vivimos, eso debería explicarnos, en parte, de qué estamos hechos como mayorías. No está mal que lloremos por ella o con ella, pero lástima que no lloramos antes por todas las invisibles.
En estos días, otro hecho similar ocupó la atención de las redes sociales y no pocos medios masivos: Un video en el que otra presentadora de entretenimiento aparentemente reclama de manera airada por un mal servicio en una peluquería.
Qué tenacidad la de esta mujer: Con solo una de sus uñas logró opacar la atención sobre otras noticias que podrían ser mucho más relevantes para la agenda nacional. Casi que de reojo, unos pocos colombianos vimos que ‘Timochenko’, el máximo jefe del grupo terrorista en Colombia envió una propuesta al gobierno de Juan Manuel Santos, que el general Mario Montoya fue llamado a indagatoria por presuntos vínculos con paramilitares mientras éste enriquecía su patrimonio de maneras todavía injustificadas.
De igual manera, casi de agache se presentó un nuevo Plan Obligatorio de Salud (POS) que afectará a millones de colombianos, pero éste todavía no termina de convencer a la Corte Constitucional y la Procuraduría investiga cómo es que fue posible posesionar alcaldes que hoy se encuentran en la cárcel…
En ese vínculo entre realidad y medios, en esa nube etérea donde no se sabe con certeza si los medios reflejan la realidad o la realidad es el reflejo de los medios, el que sigue perdiendo es el ciudadano que se come el cuento de que LA noticia es la que más tiempo recibe o la que tiene el momento más espectacular.
Así como en las secciones de deportes, las carreras en motos de alto cilindraje solo tienen registro en los momentos de las caídas aparatosas, otras muchas realidades quedan descontextualizadas y sin terminar de narrarse.
Las emisiones de la noche de los noticieros de los dos canales privados nacionales quedaron proscritas casi para el día siguiente, cuando la noche muere y ya no están presentes sino los insomnes con pocas ganas de informarse. Y mientras tanto, el género de opinión se convierte solo en una ilusión, un mito urbano en estos canales.
El rating es una dictadura en la que los gustos de las grandes masas televidentes son cultivados por años, no son espontáneos y tienden a replicarse en el tiempo. Así las cosas, la ficción se impone en formas de telenovelas, realities y seriados sin seriedad. Las franjas de ficción (o sea casi toda la parrilla) en Caracol y RCN las manejan con total falta de respeto por el tiempo del televidente.
La idea de la realidad televisada se va desvaneciendo en pompas de jabón que aunque parezcan transparentes son frágiles y se van rompiendo cuando chocan con el piso de la verdadera realidad.
Esa es la Colombia que eufemísticamente habla de “las pompis” mientras se va de culo.
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Y sí, caí. Al enfrentarme a ‘El árbol de la vida’ imaginaba una actuación descollante de Brad Pitt y, más aún, de Sean Penn, un señor actor ‘cargado de tigre’. La dirección de arte está bien lograda y sí nos imaginamos un estado del centro de Estados Unidos, a una familia discreta y sollozante en el rito del domingo, habitando la posguerra al tratar de tener una buena calidad de vida en medio de la disciplina cartesiana del hombre de la casa (Pitt).
Sin embargo, confieso que el desconcierto solo me atacó en tres partes: Al inicio, en el medio y al final. La vida es una espiral que va de lo macro a lo micro y quizá por ello Malick involucra imágenes que nos conectan con la creación misma desde el sentido más laico: El Universo. Hay un gran esfuerzo en presionarnos para que como audiencia compremos la idea de esa conexión cósmica y el enlace llega al punto de mostrarnos dinosaurios y momentos después, el famoso bólido celeste que rompió la atmósfera en Chicxulub y que probablemente rompió a esos mismos dinosaurios…
De un momento a otro (en realidad no; fueron como veinte minutos después), comienza la que parece va a ser la historia central, que muestra la introspección del pequeño Jack que durante el inicio de la microhistoria crece en solo 6 ó 7 minutos desde el útero hasta que tiene como 13 años. Es la mejor parte de la película, la más coherente, la más sensible; donde el amor de los padres es evidente, bien sea desde la ternura de la madre (Jessica Chastain) hecha brinquitos y caricias, hasta la tosquedad del padre que regresa todas las tardes con la aplicación del buen samaritano.
Cuando Jack es un pre púber (Hunter McCracken) disfruta de las cosas simples con sus hermanos y es cuando Malick echa mano de los recuerdos, las evocaciones, los juguetes hechizos que todos disfrutamos en nuestra infancia. Es allí cuando se van desenmarañando los sentimientos hacia ese padre que representa la alteridad del deber ser y cuando se dan ciertas escenas que no conducen a ninguna parte, como la secuencia de la cacería o como cuando roba la prenda de una vecina para ¿liberar su fetichismo?…
La aparición de Sean Penn (Jack, de adulto) es simplemente decepcionante, no por él, sino por la puesta en escena. Penn hace lo que mejor puede en una película en la que solo atina a caminar desorientado, buscando respuestas a través de preguntas silentes. Creo que la actuación de Sean Penn pasará a la historia como la del figurante más caro del cine. No es que crea que no se actúa si no se tienen líneas en un libreto, simplemente creo que por muy cine arte que pretendió hacer Malick, Penn fue subutilizado, desperdiciado.
Para concluir, diría que Malick tuvo un gran sueño, soñó un poema enorme, cósmico, embadurnado de la nostalgia de los cincuenta y ese optimismo de los baby boomers enfrentado a una economía frustrante. Pero el poema se comió al poeta. Malick se terció la cámara al hombro y puso el ojo donde muy pocos directores pueden. Sin embargo, el montaje colosal desbarata los intentos de crear una historia. La coherencia es una ilusión que se desmorona con el paso de los minutos gracias a que la edición es cuidadosa en no perder los materiales recabados, pero indisciplinada cuando los retazos tienen que contar algo. En algunos momentos me sentí viendo a un Ed Wood posmoderno sumando secuencias de otras producciones (incluidas las de Discovery Channel) y como diciendo “ya que tenemos esto no lo desaprovechemos; ya pensaremos en qué momento lo metemos…”.
Un director que no es capaz de rendirse a la tentación de querer montar su obra maestra a punta de simbología a como dé lugar puede llevar a su audiencia a la asfixia. El cine puede ser muchas cosas y apostarle a tantas estéticas como títulos posibles, pero por encima de todo están las historias, que aunque no todas deben ser lineales, si deben pueden ¿deben? respetar la coherencia.
Ojalá Malick no hubiese pensado tanto en la crítica que lo alabará por tocar el verdadero arte desde la cinta y lo encumbrará como uno de los únicos exponentes del cine no comercial de nuestros días que logró seducir a los estudios para irrigar su trama poética.
Es probable también, que usted solo haya leído en esta reseña la visión corta de un hombre que no es crítico de cine y por lo tanto carezca de valor; es irremediablemente probable que dio con solo la mirada de un hombre que fue a ver una historia… Y no la encontró.
Trailer de la película ‘El árbol de la vida’ (The Tree of Life)
]]>Preguntas al aire: ¿Cómo le pareció la película? ¿Considera que ‘El árbol de la vida’ es una película hecha para los premios, para la crótica o para la audiencia?
Por estos días, el centro de Bogotá es un hervidero. ‘El madrugón’ no es una leyenda urbana. A las 6 de la mañana ya hay cientos de personas en San Victorino comprando juguetes para sus hijos o por decenas para surtir sus pequeños negocios de barrio o de provincia. Las rebajas están a la orden del día y conviven con la especulación sin mayores problemas. El ‘costo de oportunidad’ que llaman los economistas con ese eufemismo para designar a esa situación en la que uno tiene que pagar lo que le pidan con tal de satisfacer una necesidad.
Y para muchos, las compras de Navidad se convierten en una necesidad básica, comparable con el suministro de agua potable o de la energía eléctrica. La Navidad es una época muy bonita porque en muchos casos justifica la única oportunidad que tiene una familia ampliada para reunirse en todo el año; inclusive para muchas familias que sufren los afanes diarios, una de las pocas oportunidades que tiene un núcleo promedio para sentarse todos a la mesa.
No obstante, también es una temporada en la que el consumismo se desborda. Así como el Día del Padre se convirtió mágicamente en el ‘Mes del Padre’ y el de la Madre se transformó veladamente en el ‘trimestre de la madre’, la Navidad es también una oda a las compras. Las empresas de consumo masivo lo saben porque para muchas de ellas en solo 20 días venden lo que normalmente es el equivalente a tres o cuatro meses regulares.
Los centros comerciales cuelgan los adornos de Navidad con la misma escalera con la que desmontan la decoración de Halloween sin dejar a vivir noviembre. No hay tiempo que perder: La Navidad es un estado de ánimo transaccional que en lugar de besos se transforma en datáfonos calientes.
Estos mismos centros comerciales se han convertido en los nuevos templos de culto, se adoran las vitrinas como pasos del Viacrucis y los cajeros electrónicos son las imágenes de los nuevos santos. Quizá la única gran diferencia es que a las romerías de los centros comerciales asisten menos que a las otras procesiones.
No es que sea una especie de ‘Grinch’ que odia la Navidad. Soy de los que creen que la Navidad se ha contaminado con tanto consumismo y que a veces no recordamos cuáles son los valores que se celebran. Más allá de lo religioso, la Navidad tiene la particular característica de hacernos poner el retrovisor para evaluar el año y abrir la ventana para mirar el futuro. Adicionalmente, es la época, como ya dije, de estimular los reencuentros. En estos días, el mejor regalo para mí seguirá siendo siempre una sonrisa de aquél que no te sonrió durante todo el año, el abrazo de un amigo, el beso evadido en la frente del papá.
Ahora bien, si usted es de los que no se aguantan pasar por los templos de adoración y dejarse tentar por las compras, le tengo una invitación: En esta Navidad, si todavía no ha decidido qué comprar y dónde, piense en los amigos, en los amigos de los amigos que tienen alguna iniciativa empresarial.
Revise si entre sus amistades hay pequeños o medianos emprendimientos y mire si lo que ofrecen podría ser el regalo que le daría a los seres queridos en estos días. Otro amigo probablemente tiene un restaurante pequeño, vaya y cene son su familia; algún ex compañero mensajero de la empresa donde usted trabajaba antes, quizá tenga ahora un pequeño negocio de mensajería para llevarle los regalos a sus familiares… Es posible que una compañera del trabajo o una tía de su amigo, por ejemplo, haga unos preciosos empaques para los regalos que usted va a dar.
Hay muchas probabilidades de que usted pueda contribuir para que esa iniciativa pueda ser el día de mañana el sustento regular de una o varias familias.
En Twitter hemos propuesto, para estimular esta idea, el uso del hashtag #NavidadPyme para recordar que siempre hay personas entre nosotros, como nosotros, que tienen la idea de hacer empresa. No se trata, por supuesto, de hacer una campaña contra las multinacionales o las grandes empresas colombianas. Se trata de darles la oportunidad a los que empiezan de creer en sus ideas, en sus sueños. Quizás usted es uno de esos pequeños empresarios en tamaño, pero grandes en ambiciones de generar empleo.
En esta Navidad regale la posibilidad de soñar.
]]>Buena idea esa de echarle la culpa… al ‘sofá’…. Además de falta de tiempo, los argumentos del profesor Camilo se parecen mucho a los míos cuando decidí dejar la Academia luego de 13 años en las aulas, de manera paralela a mis otras tareas. Extraño a la Academia, pero no extraño la mediocridad que vi en muchos. Di las clases que yo hubiese querido ver y no las que me eran más fáciles. A muchos colegas profesores les vi la ausencia de la pasión y para mucho estudiantes, la curiosidad era una extraña sospechosa en lugar de una compañera imprescindible. Otra cosa, el género de la opinión es muy distinto al periodismo en el que además de las buenas formas de redacción, emergen otros valores insustituibles. Saludos, @Solano
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Esta semana, el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar reveló unas cifras que a unos helaron la sangre y a otros nos la calentó. En lo que va corrido de este año, las denuncias por este abuso sexual contra menores aumentaron 56 por ciento, frente a los casos que se denunciaron el año pasado. A octubre de este año se han contabilizado 11.117 casos desde enero.
La cifra inquieta porque paradójicamente encierra una ‘buena’ noticia: Hoy más casos se denuncian. Más madres o los mismos niños lograron llegar a la instancia de la denuncia. Miles de niños son abusados todos los años, pero muchas madres en silencio se convierten en cómplices del agresor con tal de no perder la comodidad del statu quo o por no caer en la boca de las vecinas. Es el drama de los abusados invisibles que con mucho dolor guardan el secreto de ser víctimas.
En paralelo, el turismo sexual en ciudades como Cartagena y Bogotá galopa de manera cruel, arrebatando la inocencia de niños y niñas. Sin duda alguna, el abuso sexual contra menores está en el más bajo de los anillos del crimen, tanto por el delito mismo, como por la población víctima.
Según Paola Francesqui –conocida por muchos colombianos porque recibió el premio a la mujer Cafam en 2009 y la fundadora de la Fundación Niños por un Nuevo Planeta– en Colombia se vive una realidad escalofriante y sus cifras son más contundentes: Cada 30 minutos, 19 niños y niñas son abusados sexualmente.
Para acabar de completar, el sistema favorece a los agresores. Además de ese modelo económico machista en el que el hombre se ve favorecido al no ser denunciado para que siga ‘aportando’ al hogar, un agresor sexual cuando es identificado se le ‘trata’ para rehabilitarlo con tres o cuatro sesiones al año. Mientras tanto, muchos niños tienen que regresar a sus casas a padecer esa tragedia. De nada sirven esos tratamientos que más bien son instrumentos de complicidad legitimada por el Estado. Se cree que un agresor sexual ataca entre 185 y 500 niños a lo largo de su vida.
Ante esta situación, la Fundación Niños por un Nuevo Planeta se ha convertido en una esperanza en la búsqueda de una solución a este problema. En la actualidad, esta fundación atiende a 317 niños y niñas, entre los 0 y los 18 años (Sí, leyeron bien: hay bebés que han sido agredidos sexualmente). Hice un esfuerzo muy grande para contener el llanto al ver la sala con más de 25 cunas…
La fundación trabaja en las modalidades de Internado, centro día y consulta externa, pero las tres casas en las que funciona deben ser entregadas antes de junio de 2012, fecha para la cual debería estar construida su sede campestre en Sopó. La Fundación ya tiene el terreno que les donó la empresa privada, pero busca los recursos necesarios para cumplir esta meta, además de lograr el milagro diario de sobrevivir.
Así las cosas, los 317 niños víctimas de abuso podrían quedarse sin techo en los próximos meses. Al ver esa situación, un grupo de tuiteros está organizando una Twitteratón, evento que el año pasado recogió varias toneladas de ayudas para las víctimas de la ola invernal en distintas ciudades del país. Este año, los tuiteros están convocando no a un evento “para tuiteros”, sino para toda la sociedad en el que la solidaridad se convierte en el hilo conductor de la esperanza.
Este sábado 10 de diciembre se estarán recibiendo donaciones en la Calle 104C # 46-24 de 10:00 a.m. a 5:00 p.m. Se buscan productos de aseo personal para niños (Shampú, jabón, cremas, pañales, etc) y productos de aseo para la Fundación (Escobas, blanqueador desinfectante, jabón de loza, etc.) y mercados no perecederos. Pero más importante aún es la posibilidad de unirse al Plan Padrino en modalidades que van desde los 50.000 pesos mensuales con los que se cubren sus necesidades básicas de alimentación, educación y recreación.
Si usted quiere unirse a esta iniciativa no tiene que ser tuitero, solo tener la firme convicción de que el abuso no puede permitirse bajo ninguna circunstancia no con ningún pretexto. Si es tuitero únase a la iniciativa con los hashtag #NoAlAbuso y #Twitteraton ayude a salvar a un menor de edad del abuso sexual.
]]>A Bogotá le vienen retos en todos los campos, pero uno de ellos definitivamente es el de ‘digitalizarse’. El término, que podría interpretarse de muchas maneras, lo resumo en el desafío de disponer de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) al servicio de la construcción de ciudadanía.
En días pasados, aunque sin un orden específico, el Ranking Motorola de Ciudades Digitales –un estudio realizado por la firma independiente Convergencia Research– destacó las principales ciudades en Latinoamérica frente al tema de la digitalización. Para mi sorpresa, a Bogotá no le fue tan mal como imaginaba y quedó entre las tres primeras en el renglón de educación, junto a Sao Paulo y Medellín.
Si los más jóvenes, la generación en ciernes, hace una apropiación social del conocimiento y de las tecnologías que le faciliten esa relación, muy probablemente los ciudadanos de mañana serán lo que construyan de manera transparente esa relación Estado-Ciudadano.
Aunque pueda no creerse, la totalidad de las escuelas públicas de educación primaria y todas las bibliotecas tienen conectividad de banda ancha. En todas ellas, alumnos, docentes y directivos pueden utilizar Internet. Todas las escuelas tienen salas de computadores. No obstante, mi sospecha –y es donde el estudio no puede llegar–, es saber qué tanto pueden realmente estar disponibles las salas para todos. Pero no puedo negar que el inventario por lo menos es alentador. Sería terrible que a pesar de la sospecha, no hubiese la dotación suficiente de equipos.
Algunas de las escuelas y bibliotecas avanzan con la conectividad inalámbrica dentro del establecimiento. El estudio da cuenta de que el 27% de las instituciones ya tienen disponible esta tecnología (frente a un 40% en Medellín). Así mismo, se encuentran funcionando los sistemas de información sobre actividades y rendimiento académico escolar, debate y foros, campañas educativas, recursos pedagógicos, y mecanismos de matrículas e inscripciones.
Si usted entra al sitio web de la Secretaría de Educación existe información de colegios e instituciones, aplicativos administrativos como Bibliored para la consulta en línea del catálogo de bibliotecas. Otras aplicaciones como aula digital y virtual y trámites con certificado digital están en proceso de implementación.
Todo eso está muy bien. El desafío sin embargo es que realmente haya apropiación de las herramientas y que ellas sean concebidas solamente como instrumentos y no como un fin en sí. En otras palabras, tener una sala atiborrada de computadores en una escuela no significa que su uso sea el más adecuado y el mejor aprovechado.
Hace un par de años visité casi toda Colombia para diagnosticar cómo era la utilización de los programas del Estado, relacionados con la penetración de Internet. Para mi tristeza, pude constatar que algunos rectores y docentes constituyen feudos en las salas de cómputo; administran las llaves y su acceso como si fueran pequeños minifundios. De esta manera, el uso y acceso a las TIC se convierte en un tema aspiracional, un oscuro objeto de culto en lugar de una plataforma abierta para el aprendizaje y la construcción de conocimiento.
Así mismo, vale la pena preguntarse si la formación de los docentes avanza a la misma velocidad con la que los estudiantes lo hacen, pero a través de otras plataformas. Hace años cuando visité Nuquí, en el pacífico chocoano, pude constatar que el proceso de descargas de reguetón en los computadores del municipio se daba de forma transparente y sin ningún complejo técnico. El ciudadano iba mucho más rápido que muchos en otros municipios del país, aunque Nuquí esté en muchos aspectos a 70 años de atraso institucional con respecto al resto de Colombia.
Bogotá debe, como una de las ciudades más pobladas de América Latina, ponerse a tono en las tendencias de uso de banda ancha, trámites en línea para desburocratizar la relación con el Estado, acceso inalámbrico universal y contenidos pertinentes y oportunos.
Queremos que los computadores en una escuela o en una biblioteca realmente ‘abran puertas’, pero sin procesos de transferencia de conocimiento sirve solo para engordar las estadísticas oficiales del Distrito… O como una piedra para trancar la puerta del aula, pero más costoso.
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